—¿Qué me manda vuecencia?—dijo aquella ruina con tocas.
—Decid á doña Clara Soldevilla que venga.
—Doña Clara no está en el cuarto de las Meninas, señora—dijo la dueña.
—¿No está acaso de servicio?
—No, señora; está en su cuarto enferma.
—¡Ah! ¿está enferma?—exclamó la condesa con un despecho, que la dueña tomó por interés.
—Afortunadamente, señora, la indisposición de doña Clara es un ligero resfriado.
—Me alegro mucho: me habíais dado un susto. ¿Y dónde tiene su cuarto doña Clara?
—Vive sola con una dueña y una doncella, más allá de la galería de los Infantes; si vuecencia quiere que la guíe...
—No; no me es urgente ver á doña Clara; la veré mañana. ¿Conque decís que vive...