El padre Aliaga dió á tientas la mano al bufón.
—Estáis muriendo, padre; vuestra mano está fría como la de un muerto—dijo el bufón al sentir el contacto de aquella mano.
El padre Aliaga no contestó.
El bufón le llevó por donde le había traído.
Al llegar á la galería de los Infantes, le soltó.
—Desde aquí—dijo—sabéis salir del alcázar. Pero una palabra antes de que nos separemos: tened compasión de ella, tened compasión de vos mismo, tenedla, por Dios, de mí.
El padre Aliaga se alejó en silencio y con la cabeza baja.
—Acaso he sido imprudente—dijo el bufón estremeciéndose—, acaso he sido injusto; ¡Dios mío! cuando se trata de ella me vuelvo loco.
El tío Manolillo volvió á tomar en silencio el camino de su mechinal.
Antes de llegar á su puerta se detuvo.