Hubiera podido ver al bufón á no estar tan abstraída, pero no le vió.
El bufón se retiró sin ruido, la miró un momento al través de la abertura del tapiz con una mirada profunda, en que había tanta ternura hacia ella, como amenaza, como cólera hacia los que causaban el doloroso estado de la joven.
—Está sola—dijo—y entró con él; él debe estar con la otra; busquemos otro camino; es necesario saber de lo que tratan esos miserables.
Y tomó por una puerta y se encontró en un corredor obscuro.
Y adelantó sin hacer ruido como una sombra.
A medida que se acercaba á una puerta oía dos voces.
La de un hombre y la de una mujer.
Adelantó hasta la puerta, llegó y se puso á escuchar.
Por esta razón, cuando el sargento mayor fué á entrar por aquella puerta, se encontró con el bufón.
—¡Ah! Ya sabía yo que habías de buscar á la Dorotea—dijo el sargento mayor—; peor para ti.