La Dorotea, atónita, asombrada, sin comprender lo que la sucedía, le vió desaparecer, se envolvió en el manto, y á paso lento, con la cabeza inclinada, pisando lodo, se encaminó á la calle Ancha de San Bernardo.
CAPÍTULO XLVII
DE LO PERJUDICIAL QUE PUEDE SER LA ETIQUETA DE PALACIO EN ALGUNAS OCASIONES
El tío Manolillo corría como alma que lleva el diablo.
Tropezaba acá y allá con las gentes, como un caballo desbocado, las lanzaba un gran trecho ó las dejaba caer y seguía corriendo.
En pocos momentos llegó al alcázar.
Antes de llegar á él vió á Luisa y á Inés que iban envueltas en sus mantos.
Pararon un momento.
—¿A dónde vais?—las dijo con acento amenazador.
—¡A misa...!—contestó temblando Luisa.