—Sí, señora; yo soy—dijo don Juan, templando su acento al tono del de la duquesa, porque en orgullo no cedía á nadie—; yo soy el marido de doña Clara.

—No os conozco—dijo la duquesa—y, sin embargo, vestís como noble y lleváis hábito, lo que nada prueba, porque hoy se da á todo el mundo una encomienda.

—Me llamo don Juan Téllez Girón, señora.

—¿Sois pariente de don Pedro?

—Soy su hijo...

—¡Su hijo!... No conozco ningún hijo del duque que se llame Juan.

—Soy su hijo bastardo...

—¡Ah! ya decía yo...

—Pero es un bravo mozo, está reconocido por su padre—, digo, según me han dicho—, y ha hecho grandes servicios á su majestad—dijo un caballero que acababa de entrar.

—¡Ah! ¿sois vos, don Gaspar?—dijo la duquesa con sobreceño.