«Este es el sepulcro del sultan alto, fortaleza del Islam, decoro del género humano, gloria del dia y de la noche, lluvia de generosidad, rocío de clemencia para los pueblos, polo de la secta, esplendor de la ley, amparo de la tradicion, espada de la verdad, leon de la guerra, sábio adalid del pueblo escogido, defensa de la fe, honra de los reyes y sultanes, el vencedor por Dios, el ocupado en el camino de Dios, Mohamet Aben A'bd-Allah-Aben-Juzef-Abem Nazar, el de Arjona, el vencedor y el magnífico; ensálcele Dios al grado de los altos y justificados, y le coloque entre los profetas, justos, mártires y santos. Fué su tránsito, dia veinte y nueve de la luna guimada postrera, año seiscientos setenta y uno. ¡Alabado sea aquel cuyo imperio no fina, cuyo reinar no principió, cuyo tiempo no fallecerá, porque no hay más Dios que él, el misericordioso y clemente!»

IX.

Y tras la muerte del rey, desaparecieron de sobre la haz de la tierra el príncipe Juzef A'bd-Allá y los tres walíes rebeldes, sin que sér humano supiera qué habia sido de ellos.

Y la sultana Wahdah murió poco tiempo despues que Al-Hhamar, por el que hizo tal llanto como le habia amado en vida.

X.

Sucedió al rey en la silla de Granada su hijo Mohamet II, y vinieron con los tiempos tras él diez y nueve reyes hasta Abou-A'bd-Allah Al-Ssaghír (Boabdil el Chico) y A'bd-Allah Ai-Ssaghar (el Jóven) que perdieron el reino. ¡Dios los perdone!

Y todos ellos enaltecieron á Granada y hermosearon la Alhambra.

¡La Alhambra! ¡el Palacio de Rubíes, por quien llora el árabe en el desierto! ¡Granada! ¡la Damasco de Europa! ¡la perla de Occidente! ¡Que Dios, el justo, el santo, el bueno, tenga piedad de su pueblo escogido y le vuelva su Edem! ¡Que se cumpla pronto lo escrito, porque está escrito que el árabe volverá al Palacio de Rubíes!