—Príncipe Juzef Aben-Abd'Allah-ben-Nazar, gritó con voz de trueno el Djeouar, saltando de su nicho, á pesar de la altura, y cayendo junto á Fayzuly; prepárate al combate; y tú príncipe Aben-al-Malek, salva á la hurí de tu amor; sálvala cuanto antes, porque la media noche llega, y muy pronto sonará la campana del templo cristiano.
Aben-al-Malek asió á Fayzuly dormida, la levantó con una fuerza extremada, y partió con ella.
—¡Ah! ¡la media noche! exclamó Djeouar desnudando su puñal y tomando la puerta por donde habia salido el príncipe Aben-al-Malek con Fayzuly.
El árabe maldito, libre por un momento del círculo que se veia obligado á recorrer, se lanzó sobre la puerta que defendia Djeouar.
Antes de que llegase á ella, Juzef-Abd'Allah le salió al encuentro, y para obligarle á combatir á pié, tiró un terrible corte de su alfange al cuello del caballo.
La cabeza cayó por tierra; pero no brotó ni una sola gota de sangre: el caballo no cayó; se lanzó sobre el príncipe, le arrojó al suelo con las manos, y al mismo tiempo, el árabe maldito hirió en el pecho con su lanza á Juzef-Abd'Allah.
Un instante despues, Djeouar el juglar caia herido por otro bote de lanza del árabe.
Y todo esto acontecia en medio de un estruendo horrible, de voces infernales, de rugidos, de bramidos, de silbidos, de carcajadas horribles, de blasfemias.
Y un inmenso y constante trueno hacia retemblar la torre.
El árabe y su caballo sin cabeza se lanzaban por las siete bóvedas, á pesar de las escaleras, con la rapidez del rayo.