Así andan orondos y colorados y gordos, ni más ni ménos que un guardian pezuño de capuchinos.

Lo repito.

Me desvanecia.

Me creia muy más capaz que todos aquellos gravísimos señores de llegar á ser un hombre importantísimo.

En cuanto á doña Emerenciana, con sus setenta años encima, hacia un magnífico papel entre todas aquellas mujeres, contando á las más jóvenes y á las más bellas.

Habia en doña Emerenciana un aspecto extraño, algo de monumental, algo de augusto.

Nadie hubiera sospechado en ella á una asídua concurrenta nocturna al café.

¿Qué importaba que se supiese esto?

Excentricidades.

¿Acaso no vemos á todos los graves hombres políticos, y altos funcionarios, en los rincones de los cafés, donde se encuentra el género fácil?