Tienen, como las viejas verdes, atrofiado el corazon.
Yo soy un fenómeno.
Yo conservo todas las aspiraciones dulces y candentes del corazon, sin embargo de lo cual me voy á lo tangible, á lo necesario, á lo práctico, por todos los medios posibles, sin retroceder ante ninguno.
Pero cuando pasan rábanos, los compro.
¡Y cuando esos rábanos se llaman Micaela, Eloisa y áun Loreto!...
En todos los tiempos ha sido necesario, y áun indispensable, irse con la corriente.
Nadar contra ella es perecer.
Predicar lo que nadie entiende ni quiere entender, es dar voces en desierto.
Pero cuando en el fatigoso camino de la actividad industrial de nuestro tiempo se encuentra un pequeño oasis, fresco y sombroso en el que brota una fuente cristálica, se reposa un momento, se bebe hasta saciarse del agua límpida de la fuente encontrada por casualidad y se pasa suspirando: es necesario seguir el camino sobre el fango.
Es necesario vivir.