Me asió las manos, y dijo:
—Yo habia mandado se buscase á usted.
Y me llevó á su gabinete.
Se encerró conmigo.
—Esa está muy mala,—me dijo:—lo sé todo.
—¡Cómo! ¡todo!—exclamé.
—Sí señor, todo: usted es un hombre apreciabilísimo.
Un jóven de muchas esperanzas.
Su artículo ha causado una impresion profunda.
Ha empezado usted de una manera segura, y aún pudiera decirse que brillante, su carrera política.