Éste me llevó junto á su cuñada.

Hizo salir á los médicos.

A las hermanas de la caridad.

Nos quedamos solos.

Entonces adelanté yo, y me dejé ver de Aurora.

En cuanto me vió soltó un berrido de alegría.

Parecia como que de improviso, se mejoraba.

Se incorporó y extendió hácia mí sus dos brazos secos como dos sarmientos.

Renuncio á ocuparme de la escena que sobrevino.

Mis lectores pueden figurársela.