El martes, dia funesto, debia yo ser preso si no aflojaba la mosca.
¡Quince dias y pico de encerrona!
¡Espantoso!
Estaba de un humor tremendo.
Todo lo veia lúgubre.
Me hastiaba la vida.
Filosofaba á más y mejor.
Iba hablando recio por la calle.
El martes próximo me causaba un terror invencible.
Me sentia ya sepultado en una galería del Saladero.