Fray Hernando de Talavera, y fray Tomás de Torquemada, fueron dos instrumentos poderosísimos que el bajo clero dió á los Reyes Católicos, y en cuanto al estado llano, le dió en la Santa Hermandad un ejército que debia contrapesar la prepotencia de la nobleza.
Alarmada esta, representó contra la organizacion de la Santa Hermandad, á pretexto de que con esta reorganizacion se lastimaban sus privilegios, pero ya era tarde: fuerte Fernando para la lucha, la habia empezado incorporando á la corona los maestrazgos de las órdenes militares, levantando ejércitos permanentes pagados por las ciudades, y acabando al fin por instituir la Inquisicion, tribunal terrible, con el cual, despues de amansada la nobleza á la que se habia arrancado sus banderas, esto es: sus ejércitos particulares, y sus guaridas, esto es, sus castillos que fueron desmantelados, debía contener al pueblo.
La nobleza habia muerto como poder, herida por el cetro de los Reyes Católicos: habiase apoyado la corona para vencer á la alta nobleza y al alto clero, en el estado llano y en el clero bajo, pero dándola zelos aun el poder popular, que le habia ayudado á su triunfo, se alió estrechamente con el altar, y la Inquisicion y el rey fueron ya los únicos poderes que imperaron de una manera absoluta; dependiente la Inquisicion de la corona, es verdad, pero activa, incansable, ambiciosa, tendiendo en tiempos no muy distantes al dominio universal, llenó de hogueras las plazas públicas, de víctimas los calabozos, de horror la historia: la razon fue proscrita, la discusion anatematizada, la libertad de conciencia perseguida, la familia espiada hasta en lo íntimo de sus hogares: todo fiscalizado, todo subordinado á los intereses del trono y del altar y todo empequeñecido, como debia serlo, para dar fuerza á aquellos dos astutos poderes, que habian sabido engrandecerse con los mismos elementos que les eran contrarios.
Cuando aconteció la conquista de Granada, se habia operado ya la maravillosa transformacion política de España: el gran cardenal don Pedro de Mendoza habia creado la Inquisicion, los tercios reales estaban organizados, y los altivos ricos-hombres, los que pocos años antes podian llamarse pequeños reyes, servian á sueldo bajo el estandarte real: tres años despues de la conquista, fray Francisco Jimenez de Cisneros era cardenal arzobispo de Toledo, canciller mayor de Castilla y ministro universal: fray Hernando de Talavera confesor de la reina, arzobispo de Granada, y el sombrío, el terrible dominico fray Tomás de Torquemada inquisidor general: las comunidades religiosas habian sido reformadas, la Inquisicion habia quemado millares de criaturas, Colon habia descubierto un nuevo mundo, y las prepotentes banderas españolas amenazaban á la Europa.
En tales circunstancias, los moros de Granada habian rendido pleito homenaje á los Reyes Católicos: esto es, se habian confesado sus vasallos.
La tiranía y el fanatismo dominaban de consuno: el altar empezaba á predicar el derecho divino de los reyes, y la corona apoyaba fuertemente el exclusivismo de Roma: continuaban en ejercicio muchas de las bárbaras leyes de la edad media, y los jueces de una parte, los inquisidores de otra, y el elemento militar por último, empezaron á pesar sobre la antigua tolerancia que tan amplia habia sido en Castilla y sobre las libertades públicas que no podian ser compatibles con la autoridad real tal cual se queria que esta autoridad fuese.
El primer acto de intolerancia de los Reyes Católicos, fue la expulsion de los judíos.
Treinta mil familias industriosas salieron de España á consecuencia de aquella medida hija del fanatismo religioso.
Dado este golpe á los judíos se reparó en los moriscos.
El feroz fanatismo de los preclaros varones que sustentaban el pendon de la fe en España, encontró que era una cosa muy dura que los vencidos siguiesen en la practica de su religion, de sus leyes y de su dialecto nacional, en el uso de sus trages y en la práctica de sus costumbres.