Pero no es en un convento donde mejor puede educarse á una jóven.
Mimaron las buenas madres á doña Elvira, y doña Elvira se hizo voluntariosa.
Enseñáronla á leer y escribir y un poco de latin, con el objeto de hacerla monja.
Como educacion de adorno, enseñáronla á cantar monjunamente y á hacer dulces y flores.
La halagaron, y la hicieron soberbia.
La llamaron hermosa, y la llenaron de vanidad.
Habláronla mal del mundo para que renunciase á él, y doña Elvira ansió conocer una cosa tan mala.
A los diez y seis años, el deseo de respirar otro aire que el contenido en las paredes del convento, fue para doña Elvira una necesidad.
Los deseos comprimidos son los mas fuertes, los mas tenaces.
Doña Elvira era alta, esbelta, con cabellos semejantes á sedosas hebras de oro, frente cándida y pura, ojos celestes como el cielo, y sonrisa aseñorada, aunque un tanto altiva y amarga.