El primer augurio de estas desdichas, fue la matanza que hicieron algunas gentes de Granada, de moriscos que estaban presos en la cárcel de la Chancillería por mandado del presidente Deza.
Culpábaseles, con razon ó sin ella, de estar en tratos con los de las Alpujarras, para alzarse con la ciudad, y entregarla al saqueo, al incendio y al degüello.
Aumentó el temor y el odio de los cristianos el haber corrido la voz el dia 17 de marzo de 1569, de que en la ladera de la Sierra Nevada mas próxima á la ciudad, se habian visto de noche fuegos que parecian señales, y que de algunas ventanas y terrados del Albaicin habian contestado con otras lumbres.
El presidente habia tomado precauciones en consecuencia, y habia mandado á don Gerónimo de Padilla, capitan de la gente de guerra que aseguraba al Albaicin, y al cuadrillero Bartolomé de Santa María, que mandaba las rondas, estuviesen atentos y prevenidos, y al alcaide de la cárcel que tuviese gran cuidado con algunos moriscos principales que tenia presos.
El alcaide reunió á algunos parientes y amigos suyos armados para que custodiasen á los presos, y todo parecia estar prevenido, cuando una casualidad vino á producir una catástrofe.
Desde muy antiguo, la campana de la torre de la Vela del castillo de la Alhambra, al dar las once de la noche, toca treinta y tres campanadas; á este toque se llamaba en aquellos tiempos el cuarto de la modorra.
La noche del 18 de marzo, como el encargado de la campana tocase este cuarto mas tarde que de costumbre, y de una manera mas apresurada, creyóse en la ciudad que tocaba á rebato y se alborotó Granada.
Alborotáronse asimismo los presos de la cárcel, tanto cristianos como moros, y llegaron á tal punto que vinieron á las manos.
Los moriscos se valian para acometer y defenderse, de muebles, ladrillos y palos que sacaban de los calabozos, y los cristianos y la guardia, unos con los travesaños de los grillos, otros con sus espadas y arcabuces acometian á los moriscos.
El corregidor Juan Rodriguez de Villafuerte, que dormia en una sala del palacio de la Audiencia, oyó entre sueños el ruido del combate de la cárcel, se levantó y mandó á un soldado que fuera á ver qué era aquello.