CAPITULO XLII.

De cómo empezaba Harum á vengar al emir.

Era una de esas terribles noches de tormenta que tan frecuentes son en el otoño en las Alpujarras.

Llovia, relampagueaba, tronaba, zumbaba el viento entre las breñas.

Las calles de Andarax estaban completamente desiertas.

En Andarax estaba Aben-Humeya con trescientos escopeteros de su guardia, y mas descuidado de lo que debiera estarlo, acompañado siempre de dos mujeres y entretenido en zambras y diversiones.

Una de estas mujeres era Angiolina Visconti.

Irritábale esta con su hermosura, le enloquecia, le entretenia con promesas y entre tanto le vendia.

La otra mujer se llamaba María de Rojas, y era morisca.

Esta María de Rojas, prima de Diego Alguacil, uno de los moriscos mas influyentes en las Alpujarras y en Granada, era sobrina de aquel Miguel Rojas, padre de Isabel de Rojas, con quien ante la Iglesia Católica se habia casado Aben-Humeya.