El ventero desapareció hácia el interior y los lacayos desaparecieron con él, sin duda para ayudarle en los preparativos.
—¿Sabeis lo que pienso Miguel? dijo don Fernando.
Miró con atencion y descaro Miguel Lopez al jóven como diciéndole:
—¿Y bien qué pensais?
—Pienso, continuó don Fernando, que despues de las villanas sospechas que habeis concebido acerca de nosotros, no debemos permitir que durmais en el aposento en que nosotros durmamos.
—¡Eh! ¡tanto me da!
—¡Si insistís!
—Creo que he hecho muy mal en salir de Granada.
—¡Os afirmais, pues, en vuestras dudas! pues bien: dormireis en aposento aparte... ó si os place mejor... Orgiva está cerca; en ella teneis, no solo conocidos y amigos, sino parientes: seguid hasta Orgiva, si os place: pero si tal haceis, os rogamos que no digais á alma nacida que paramos en esta venta: cuando se anda en empresas arriesgadas toda precaucion es poca.
—Me quedo, dijo Miguel á quien sin duda daba vergüenza llevar el temor hasta el extremo.