Nada mas habia en esta habitacion, ni Miguel Lopez pudo reparar en todo esto, á causa del estado de desvanecimiento y de debilidad en que se encontraba.
Reparó, si, que estaba absolutamente solo, que no se percibia ruido alguno, y que aquella habitacion no tenia otro respiradero que una puerta estrecha, de arco de herradura, en la cual empezaba una escalera que ascendia.
Aquel espacio era sin duda un subterráneo.
La perplejidad mas natural, el temor mas lógico, asaltaron la imaginacion de Miguel Lopez: á causa de la debilidad en que le habian constituido sus heridas, apenas recordaba confusamente lo que le habia acontecido antes de acometerle los monfíes: la primera pregunta que se hizo á sí mismo, fue la de quién le habia herido, y quién le habia llevado allí.
Pero como no veia persona alguna que aclarase sus dudas, pretendió salir de ellas provocando la llegada de alguno.
—¡Ah de casa! exclamó; pero con acento tan débil que hubiera sido imposible oirle á pocos pasos de distancia.
El esfuerzo que hizo para hablar le causó un dolor agudo en el pecho.
—¡Ah! murmuró. ¡Alma del diablo! ¡pues estoy herido y no como quiera, sino gravemente! ¡herido en el pecho...! ¿y quién ha podido herirme?
Hizo un esfuerzo Miguel Lopez para evocar sus recuerdos y como los recuerdos obedecen á la voluntad, y la voluntad de Miguel Lopez era poderosa, lentamente fueron eslabonándose sus ideas y al fin recordó de todo punto lo que le habia acontecido.
—¡Los miserables! exclamó: ¡si, si! ¡no hay duda! ¡ellos han sido! Esta mañana han pasado en aquella casa cosas extrañas: el mancebo que se presentó á don Diego, segun me dijo Ayala... aquel hermoso mancebo que ha sido amante de doña Isabel... y luego el pretexto de don Diego de que nos llamaba el emir... nuestra detencion en una venta sospechosa... y despues los monfíes... si, si, ellos han sido... ellos que me han sacado de Granada para asesinarme... ¿pero cómo se ha atrevido don Diego, sabiendo que tengo en mi poder pruebas que pueden perderle...? ademas, ¿quién me ha traído aquí...? ellos no deben de haber sido: hubieran acabado de asesinarme... ¿los monfíes? los monfíes no se hubieran tomado el trabajo de curarme las heridas. ¿Quién ha sido, pues?