Pero esto no sucedia inmediatamente despues de la escena que acabamos de referir á nuestros lectores. Desde entonces hasta el momento en que el emir estaba delante de Miguel Lopez, habian pasado algunos dias.
Calpuc, que entre los misterios de su vida contaba el de ser un excelente médico, habia declarado que la vida del herido peligraba si se le hacia experimentar una sensacion cualquiera.
Yuzuf se habia visto obligado á reprimir su impaciencia.
Entre tanto Calpuc y Muhamad, anciano y sabio médico del emir, habian velado continuamente al lado del herido.
El peligro habia pasado; las heridas habian empezado á cicatrizarse y tenian muy buen aspecto: Miguel Lopez podia sufrir sin peligro un interrogatorio.
Yuzuf descendió al subterráneo, acompañado de Calpuc.
Miguel Lopez dormia.
Contemplóle un momento ferozmente Yuzuf y luego dijo á Calpuc.
—Déjanos solos.
Calpuc obedeció.