Yaye, á pesar del dominio que tenia sobre sí mismo, palideció de una manera marcada.
—¡Oh! ¡si! ¡la amais! ¡la amais! exclamó con rabia doña Elvira, notando la conmocion de Yaye, la amais y me despreciais por ella... ¡pues bien! ¡sabedlo...! ¡os lo voy á revelar todo...! apenas Miguel Lopez habia entrado en nuestra casa de vuelta de la ceremonia... mi esposo, no sé por qué, le llevó consigo, sin darle ni aun tiempo de despedirse de doña Isabel: Miguel Lopez, mi esposo, mi cuñado don Fernando y cuatro lacayos, partieron para las Alpujarras: al dia siguiente volvieron los lacayos trayendo la noticia de que Miguel Lopez habia sido asesinado por los monfíes y que mi esposo y mi cuñado habian desaparecido.
—¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! exclamó Yaye, en cuya imaginacion surgió una sospecha: ¿y se ha confirmado esa muerte?
—Mi cuñada, vuestra hermosa doña Isabel, lleva luto por ella... ¡y está tan hermosa con su luto...!
—¡Asesinado Miguel Lopez por los monfíes! repitió profundamente Yaye.
—¡Oh! ¡ya se ve! existia un antiguo contrato entre vuestro padre y el padre de mi esposo; segun él, vos y doña Isabel debiais uniros para salvar ciertos intereses encontrados: no sé por qué, obligado acaso por la fatalidad, mi esposo entregó su hermana á Miguel Lopez... pero llegásteis vos... os encerrásteis con mi esposo... yo escuché vuestra conversación... y Miguel Lopez fue sentenciado...
—Os juro que yo no he tenido parte alguna, ni aun con la voluntad, en ese asesinato.
—Si, si: bien sé que el único autor de ese delito es don Diego de Córdoba, mi esposo, pero sé tambien que su delito es inútil, porque no os casareis con doña Isabel, os lo juro.
—Ya os he dicho, continuó dominándose Yaye, que en el momento en que doña Isabel ha pertenecido á otro hombre he dejado de amarla.
—Es que doña Isabel no ha pertenecido á nadie, exclamó con una malignidad indescribible doña Elvira, ni aun á su hermoso Yaye, á quien ama con toda su alma... me habeis llamado adúltera porque el amor me ha arrojado en vuestros brazos: ¿y creeis que no seria tambien adúltera doña Isabel, vuestra virtuosa doña Isabel, si vos la hacias oir una sola palabra de desesperacion..? ¡oh! ¡las mujeres cuando amamos no reparamos en nada...! ¡el amor ha sido creado por Dios para que le sienta única y exclusivamente la mujer!