Aquellos seis hombres eran monfíes escogidos entre lo mas duro y valiente de todas las taifas de monfíes de las Alpujarras.
Aquellos seis hombres siguieron á Harum, que los llevó en derechura á la mina que ponia en comunicacion la casa ocupada por el capitan estropeado, con el palacio de don Diego de Válor.
Cuando estuvieron allí, Harum los extendió por la mina y les dió la consigna siguiente:
—Las dagas en las manos. Si sobrevienen gentes por cualquiera de los dos extremos, se las detiene, y se avisa con un silbido. Si oponen resistencia, obrad como quienes sois. Atencion y silencio.
Volvió á salir por el boqueron, y poco despues apareció con un hombre enteramente encubierto, y tomó la direccion de la escalera que conducia á la casa del capitan.
—Espera, le dijo el hombre que le seguia: ¿se va por aquí al aposento donde he estado preso?
—No señor, contestó Harum, se va por la parte opuesta.
—Pues llévame allá: tengo curiosidad de saber lo que allí puede haber sucedido.
Harum se volvió y condujo á Yaye al lugar indicado.
Al entrar en él notó el jóven que algunos objetos que antes estuvieron sobre la mesa, estaban rotos y esparcidos por el suelo; levantadas las ropas del lecho, como si alguien hubiese buscado algo bajo él y los sillones tirados por el suelo.