Entonces se pintó en su semblante una expresion feroz, y dirigiéndose al jóven exclamó:
—¿Quién sois? ¿quién os ha introducido aquí?
Yaye, no contestó á aquel hombre: volvióse hácia la puerta por donde habia entrado y exclamó.
—¡Ola! ¡á mí!
Un monfí entró inmediatamente en la cámara.
—¡Oh! ¿qué es esto? gritó el soldado arrojando una feroz mirada á las dos mujeres, y poniendo mano á su daga, única arma que tenia consigo.
—Desarma á ese hombre, dijo Yaye al monfí que habia quedado inmóvil á pocos pasos de la puerta por donde habia entrado.
En este momento la situacion de las personas de nuestro cuadro era la siguiente: Estrella estaba de pié delante del lecho ocupado por su madre; Yaye en medio de la cámara; el soldado servidor del capitan, á pocos pasos de la puerta de entrada, y el monfí que habia acudido á la voz de Yaye, á igual distancia de la otra puerta de servicio.