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El amor para las mujeres, es como el rocío y el sol de la primavera para las flores.
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Durante las vacaciones de aquel año, Isabel y Yaye fueron felices. Ella porque se contemplaba amada; él porque creia hacer una obra meritoria de caridad.
El amor de Yaye hácia Isabel no era amor sino misericordia.
Fuése Yaye á Salamanca á estudiar su último año.
Cuando se separó de Isabel, experimentó un dolor agudo, un vacío en el corazon.
A pesar de su repugnancia á todo lo que representaba las creencias cristianas, Yaye se llevó consigo el relicario.
A los pocos dias de ausencia, el relicario pendia del cuello de Yaye.
Hubo un momento en que se preguntó con terror si verdaderamente amaba á aquella mujer.