—¿Qué ropas son esas? le dijo Isabel con la voz trémula: ¿á qué ese disfraz?

—Estas ropas, señora, son las ropas de mi pueblo: las que se nos quieren arrancar por los cristianos, las que llevaré desde ahora como buen musulman.

—¡Ah! exclamó Isabel consternada, llevándose las manos sobre el corazon.

Y luego adelantando un paso, y mirando frente á frente con una fijeza sombría á Yaye exclamó:

—¡Vos no me amais!

—Os amo, Isabel... pero antes que á vos amo á mi patria.

—Por piedad, contestadme de una vez ¿sois moro?

—Moro soy.

—¿Estais resuelto á no convertiros á la fe de Jesucristo?

—Jamás.