—¿Quién los manda en vuestra ausencia?
—El alférez Pero Villasante.
Escribió el marqués.
—Bien, muy bien, dijo: ahora relatadme cuándo y de qué manera piensan levantarse los moriscos.
—¿Cuando? mañana á la noche. ¿Cómo? barreando las calles del Albaicin y viniendo al mismo tiempo sobre la ciudad por los atajos de la sierra, los monfíes.
—¡En los atajos, en los atajos de la sierra está nuestra salvacion! dijo el marqués con el rápido golpe de vista de un buen capitan. ¿Sabeis el punto por donde se han de acercar á Granada los monfíes?
—Si señor. Por los desfiladeros de Dilar.
—Bien, bien, capitan, dijo don Luis: os confieso que habia llegado hasta desconfiar de vos; pero el servicio que acabais de hacer á su magestad, os vuelve toda mi confianza. ¿Dónde vivís?
Sedeño dió al marqués las señas de su casa.