—Todos valientes y experimentados.
—¿Tienen armas?
—Sí.
—¿Dinero?
—Sí.
—¿Están ordenados en taifas?
—A una señal de las dulzainas y de las atakebiras; cada cual irá á reunirse al lugar que le está señalado.
—¿Quienes son sus capitanes?
—Yo, y yo, y yo, dijeron algunos ancianos.
—Pues, bien; id á avisar á vuestra gente que estén dispuestos para mañana á la noche á la primera señal: tú Homaidi, y tú Abd-el-Gewar, permaneced conmigo.