En vano el alguacil Picote, de cuya casa con lo mejor que contenia, esto es, su mujer, se habia apoderado el marqués, revolvió, y fué y vino por sí mismo y por medio de sus compañeros. Eran pasados dos meses desde la muerte de doña Inés, y su hija Estrella no parecia.

La jóven, que habia venido á ser la cuarta estrella de la casa en que vivia, y la mas hermosa (nosotros tenemos los retratos de las otras tres estrellas en nuestra carpeta), doña Estrella decimos, vivia triste y creyéndose abandonada por Yaye, aunque asistida como una reina por Harum.

Desde la noche en que Yaye se habia separado de ella, no le habia vuelto á ver ni recibido noticias suyas. Esto consistia en que Yaye, por razon de la muerte de su padre, habia entrado de lleno en la posesion de su alta dignidad de emir, y en que necesitaba, no solo darse á conocer como valiente á sus monfíes, sino tambien vengar en los cristianos de las Alpujarras la muerte de Yuzuf.

Durante aquellos dos meses, incendió, saqueó y ensangrentó algunas villas con gran contento y aplauso de los monfíes, que vieron que Yuzuf habia sido dignamente reemplazado por su hijo, y en todo este tiempo Yaye no se cuidó de otra cosa, ni envió noticias suyas á Harum, ni se las pidió de Estrella.

Esta, por orgullo, no preguntaba por Yaye: Harum, que miraba con un profundo respeto á la jóven, como á todo lo que provenia del emir, tampoco la hablaba sino cuando ella le dirigia la palabra, obedeciendola, de una manera ciega.

Durante algunos dias, la enamorada jóven lo esperó todo de Yaye; pero pasó una semana y otra y un mes, y Yaye no parecia. Entonces Estrella se decidió á obrar por si misma; á provocar un conocimiento extraño, por medio del cual pudiese ponerse en contacto con su abuelo el duque de la Jarilla.

Mandó á Harum que la procurase ropas de calle, un libro de devociones y un manto. Harum le procuró todas estas cosas. Cuando Estrella las tuvo, le dijo que queria ir todos los dias á misa á la parroquia mas próxima.

Harum, aunque con repugnancia, acompañó desde entonces á misa todos los dias por la mañana á Estrella, llevándola á la iglesia de San Gregorio el Alto.

Durante ocho dias, Estrella que habia contado con su juventud y su hermosura para procurarse un noble conocimiento que la sirviese para dar con su abuelo, notó que á la iglesia de San Gregorio, la mas alta y lejana del Albaicin, solo concurrian pobres gentes y toscos trabajadores, que se asombraban de ver todos los dias á una dama tan hermosa, en aquella iglesia donde no acostumbraban á ir damas.

Estrella pidió á Harum que la llevase á una iglesia mas concurrida. Harum, por mas que le disgustase este afan de dejarse ver, en una dama por la cual podia interesarse su señor, aunque solo le habia mandado que la obedeciera como si fuera su hermana, la llevó á la colegiata del Salvador; pero aunque en aquellos tiempos era la tal iglesia muy concurrida, iba á ella la jóven demasiado temprano para encontrar en ella gente noble. Entonces preguntó á Harum á que hora concurria á la iglesia la gente principal. Harum la contestó un tanto contrariado, que á la misa de hora.