Don Juan siguió con su carga sin hablar una palabra.
—Vengo preparada á todo, padre, contestó Amina, á quien seguiremos dando este nombre.
—¿Con que es verdad?
—Yo no sé mentir.
—Y quién ha sido... exclamó con voz temblorosa Yaye, y se detuvo.
—Escúchame padre, y mata despues á tu hija: pero sabe antes; que si ha olvidado un momento lo que te debia, lo que á sí misma se debia, la ha arrastrado la fatalidad.
—¡Estaba escrito! exclamó con doloroso sarcasmo Yaye.
—Lo que Dios quiera que se cumpla se cumplirá padre. ¿Qué somos sobre la tierra? una hoja seca que arrastra delante de sí el viento del destino.
Yaye se estremeció.