—El duque no os dará su hija.

—Se la robaré.

—No teneis poder para ello.

—Lo veremos.

—Lo veremos.

Y tio y sobrino se separaron altamente disgustados el uno del otro.

Y es el caso que aquella frase de su tio: «el duque no os dará su hija» habia impresionado sobremanera al jóven, causándole una triple herida en su amor, en su vanidad, en su voluntad. Cabalmente las mismas palabras le habia dicho Amina, cuando en un arrebato de pasion la habia dicho el jóven estrechándola en sus brazos:

—Te juro por lo mas sagrado ser tu esposo.

—Mi padre no os dará mi mano, habia respondido Amina suspirando.

—¿Y porqué? la habia preguntado anhelante el marqués.