—Ya veis: es la mas hermosa de las damas que tenemos presentes. (Se encontraban los interlocutores en un ángulo de un salon de la casa del duque del Infantado).

—Os engañais, don Alonso, hay otra mas hermosa que ella.

—Ya se sabe, ya se sabe, que la hermosa duquesita es la primera en la córte, antes que la reina en hermosura y discrecion, y despues de la reina en riqueza; pero prescindiendo de ese portento, Angiolina es un prodigio; ved qué cabellos, qué frente, qué ojos... qué todo. Pues bien: lo que mas hace codiciable á esa mujer, no es su hermosura, sino la situacion especial en que se encuentra: ya sabreis que es la llamada la casada-vírgen.

—¡Bah! siempre he tenido eso por una exageracion ó por una burla.

—Pues no es ni burla ni exageracion.

—¿Sabeis algo acerca de esa singularidad?

—¡Bah! lo sabe todo el mundo.

—Perdonad; yo formo parte del mundo, y no lo sé.

—Pues vais á saberlo, para que todo el mundo lo sepa.

—Os escucho.