D. Carlos de Austria.
—¡Un sagrado encargo!
—Sí; pienso hacer una donacion á la santa casa de religiosos de Nuestra Señora de Atocha.
—La casa de Atocha es rica, á Dios gracias, hija mia; destina mas bien esa donacion á los pobres.
—Es que no he olvidado á los pobres, dijo Amina: tomad padre, tomad esta carta; por ella mi padre os entregará tres mil doblones: los mil son para la santa casa de Atocha: los dos mil restantes para que los distribuyais entre necesitados.
El anciano tomó aquella carta conmovido, y exclamó:
—¡Ah! ¡eres buena cristiana y virtuosa, hija mia, Dios te protejerá!
—¡Ay padre! ¡harto mas que otros que son muy desgraciados, necesito yo de la proteccion de Dios!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .