—Del que llevais sobre vos una prueba indudable.

—¿Sobre mí?

—Si, en el brocado de vuestro trage; es precioso... y rico... las mujeres reparamos mucho en esto, y siempre procuramos informarnos de en donde se venden tan ricas, tan hermosas telas. ¿Donde habeis comprado ese brocado?

—En Granada hoy mismo.

—¡Hoy!

—Elogiando mi buen gusto habeis elogiado el del marqués de la Guardia.

—¡Ah! ¡dispensad! yo creia que vos...

—Nada tiene esto de extraño. Habia venido á la ligera y no queria presentarme con el lodo del camino. Afortunadamente encontré á mano al marqués que se prestó á venderme un traje, y él mismo ha elegido este entre los suyos.

—Pues debeis estar muy agradecido á vuestro amigo. Por mi parte quiero que le pregunteis donde ha obtenido tan hermosa tela. Yo creo que solo en Venecia podrá encontrarse hoy y á un precio exorbitante. Reparad, reparad, padre mio, lo fino, lo bello de este brocado; es de tres altos y está bordado de aljofar. Con que ¿preguntareis al marqués?...

—¡Oh! de seguro señora.