Y salió como un relámpago, dejando abierta la puerta.

Don Alonso se levantó á cerrarla. Aben-Aboo entre tanto, decia á doña Inés que se mostraba tranquila:

—¡Esa mujer está loca!

—Y es lástima, dijo doña Inés, porque es muy hermosa y tiene mucho ingenio.

No se volvió á hablar una palabra mas, ni Aben-Aboo, aunque estaba gravemente alarmado por aquella nueva singularidad que parecia iluminar el caos de sus dudas, notó una sola mirada de inteligencia entre el padre y la hija.

Entre tanto seguia el tumulto del patio, cuando hé aquí, que cesa como por encanto, y le sucede una tempestad de aplausos y de víctores: tan hermosa y tan bien prendida habia aparecido Angélica, y con tal donaire habia avanzado hácia el proscenio.

Pero cuando el entusiasmo público, no tuvo límites, fue cuando, despues de haber hecho la reina mora la exposicion de sus amores y de sus desgracias, exclamó con un arranque sobrenatural en una transicion magnífica:

Montes, árboles, fieras,
venid, y aprendereis de mil maneras,
como, pidiendo fuerzas á los cielos,
una amante infeliz venga sus duelos.

Tras esto, siguió la representacion y siguieron los aplausos á Angélica y á Cisneros, que hacia admirablemente el papel de traidor enamorado.

Angélica fue tambien aplaudida con frenesí en la cancion y en el baile, y, por último, al oscurecer, terminado el espectáculo con gran contentamiento de todos, empezó á salir la gente.