Encaminéme á él.
Cuando llegué le pregunté, que por qué me habia detenido.
—¿Sois forastero? me dijo.
—Forastero soy, le respondí.
—Ya se conoce, repuso: si vos hubiérais estado en las Alpujarras algun tiempo, hubiérais oido hablar de la princesa encantada.
—¿Y qué princesa encantada es esa?
—Dios os libre de conocerla, me dijo, porque moririais si no os acontecia una desgracia peor.
Y entonces me relató la historia del encantamento de la princesa, que es tal, que darian de buena gana tres ducados por saberla Torres Navarro ó Lope de Rueda. Se puede hacer con ella una comedia que daria muchas ganancias. Ya os la referiré en otra ocasion.
Seguí con el pastor algun tiempo. Durante este espacio, el pastor me dijo que en el lugar donde estaba encantada la princesa habia un palacio encantado tambien, solo que en vez de estar la princesa encantada en el palacio, el palacio estaba encantado en la princesa.
—He ahi una singularidad que no he visto en ningun libro de caballerías, por mas que los tales libros están llenos de disparates.