Doña Isabel salió llorando seguida de Angiolina que iba profundamente preocupada.
El Ansari y Aben-Aboo las seguian.
—¡Oh! ¡y cuánto tarda la noche, dijo el Ansari!
—¡Juro á Dios beber la sangre de ese clérigo! dijo con la voz ronca y trémula Aben-Aboo.
CAPITULO XX.
De cómo fue el casamiento del marqués de la Guardia.
Hacia tres dias que el marqués de la Guardia se impacientaba á causa de la situacion en que se veia colocado.
Veamos en la situacion en que se encontraba el marqués.
Esta se reducia á estar encerrado en una casa desconocida para él, no ver á otra persona viviente que á su criado Peralvillo que le servia, y á un esclavo negro que le procuraba alimentos.
La casa en que se encontraba el marqués estaba construida á la morisca, bellamente amueblada, y con cuantas comodidades se conocian en aquellos tiempos.