Luis. Obedeceria á usted, con mucho placer, pero es el caso que no conozco á nadie en Madrid.

Julia. (Impaciente). En fin, no conoce usted, que voy perdiendo la paciencia?

Luis. (Con mucha calma). Señora... yo he perdido la esperanza, que es aun mucho peor.

Julia. Caballero, deseo estar sola.

Luis. (Con galanteria). Lo cual no deja de ser un esceso de egoismo por parte de usted.

Julia. Con que es decir que tendré que sufrir su vista? Esto es una tiranía, caballero, y ahora mismo voy á llamar á mi criada.

Luis. Oh! no la incomode usted por causa mia, señora. (Julia se rie). Cómo! Se rie usted?... Ya está desarmada.

Julia. Todo lo contrario.

Luis. Tiene usted razon, señora; porque al sonreirse ha descubierto nuevas armas, y la lucha ya no es igual.

Julia. (Riéndose). Es usted poeta por ventura?