Julia. Y este jóven?

Luis. Ese buen mozo?... Soy yo, señora, que me hallaba á su lado, y que recibí sus últimos suspiros. (Momento de pausa). Ahora bien, señora, una vez que este cuadro, por el asunto que representa, no debe serle á usted indiferente... seria yo tan venturoso que se dignase usted aceptar?

Julia. (Julia despues de un instante de duda). Caballero... yo... no debo admitir ese cuadro... sino con una condicion.

Luis. Cuál?

Julia. Que haga usted el favor de vendérmelo.

Luis. Vendérselo? Pues no ha de formar parte de nuestros... (Reprimiéndose.) de sus muebles? Consérvelo usted, señora, como un recuerdo mio.—Y ya que he tenido la desgracia de no hacerme comprender, ya que he llegado á ser odioso á los ojos de usted, ya que no puedo llamarla mi esposa... doy á usted mi palabra de no volver jamás á presentarme en esta casa. A los pies de usted, señora. (Pónenese á recoger todo lo que ha traido, menos el cuadro).

Dolor. (Bajo). Vamos, señorita, no le haga usted sufrir mas. Pobrecillo!

Julia. Tienes razon: es un honrado jóven á quien deberé lo único que me resta de mi pobre hermano. (Señala al cuadro y dice á don Luis). Caballero! (Don Luis se vuelve). Qué apuro! No sé cómo decir á usted... que agradezco infinito sus favores... y que... acepto... Hé aquí mi mano.

Luis. (Besándosela con trasporte). Ay, querida Julia! Gracias á Dios! Cuán feliz soy... y qué trabajo me ha costado!

Julia. Sí, le perdono todas sus locuras en favor de esta última. (Señala el cuadro).