[392] Anonymus, lusitanus, scripsit fabulam ex his unam, quibus otiosi homines superioribus saeculis valde gaudebant lectis, nempe «Penalva» nuncupatum, in quo occisus magnus ille fabulosorum heroum Amadisius refertur heros: unde Castellani per jocum usurpare solebant, Lusitani tantum gladio tantum virum occumbere potuisse: quo Lusitanorum philautiæ palpum obtruderent (Bibliotheca Hisp. Nova, tomo II, pág. 404).
[393] Existe en la Biblioteca Imperial de Viena y Wolf lo describe minuciosamente en sus Studien (pp. 185-186).
[394] Lo mismo puede decirse del Primaleón, que tiene capítulos indecentísimos, en que las doncellas quedan fechas dueñas con la mayor facilidad del mundo. Nada de esto escandalizaba al maleante clérigo Francisco Delicado, y, en efecto, era un idilio en comparación de su Lozana Andaluza, uno de los libros más obscenos que se han escrito en lengua castellana. «Todo él (dice hablando del Primaleon) es un doctrinal de andantes caballeros, donde éstos podran deprender, leyendo, a mantener justicia y verdad, e mas la mesurada vida que han de tener con las dueñas y doncellas, la cortesia y crianza con las damas, asi mesmo los atavios que han de usar asi de armas como de caballos, la gentil conversacion y el moderamiento de la ira, la observancia y religion de las armas».
Fué Delicado, á pesar de su tendencia groseramente realista, muy afecto á los libros de caballerías, que defiende con mucho brío en sus curiosos prólogos: «Algunos, fingiendo ser sabidos, menosprecian estas coronicas diziendo ser fablillas. Fablilla es ser el hombre ynorante, y no conoscer qué cosa sean los buenos amaestramientos de los caballeros que fueron mesurados, y leales mantenedores de derechos, y tenedores de fe; y, si como dizen que no fueron tales hombres que asi hayan obrado, seanlo ellos y deprendan a ser hazañosos en estos dechados, porque el caballero y el Rey y el Emperador no han juez: su juez es su palabra».
[395] «Porque estas cosas que cuentan los componedores en la lengua española, si bien dizen que son fechos de estrangeros, dizenlo por dar más autoridad a la obra, llamándola Greciana por semejança de sus antiguos hechos. Mas componen los estraños acaecimientos de algunos caualleros de los Reynos de Spaña, como de aquellos que han fecho cosas estremadas, como lo fué el rey don Enrique e su fijo don Iuan e| primero deste nombre, Rey de Castilla, que se asemejan a los fechos de Palmerin con el Rey de Granada; y otro Primaleon como lo fue el Conde de Cabra, señor de Vaena, don Diego Fernandez de Cordoua; y a don Duardos fue semejante otro su pariente don Gonçalo Fernandez de Cordoua; y assi tomando de cada uno sus hazañas fizo esta Philosophia para los caualleros que seguirla quisieren, y fue tan marauillosamente fingida esta ystoria llena de doctrina pora (sic, por para) los caualleros e amadores de dueñas».
[396] También el famoso predicador Fr. Hortensio Félix Paravicino, á quien llamaron el Góngora del púlpito, lo cual no sé si ha de entenderse como alabanza ó como censura, pues confieso que no he leído sus sermones, aunque sí sus insípidas poesías, sacó del Primaleón el argumento de una comedia fantástica, á modo de libreto de ópera, con el título de La Gridonia ó cielo de amor vengado, «invención real», como él la llama por haber sido escrita en breve plazo por orden expresa de Felipe IV. Hállase en el tomo de sus Obras posthumas, divinas y humanas, donde se disimuló su nombre con el de D. Félix de Arteaga (1641).
[397] La identificación que algunos eruditos del siglo XVI hicieron entre la Lusitania antigua y el Portugal moderno, confundiendo el todo con la parte, es tan absurda, que puede hacer pasar por portugués á cualquier vecino de Mérida, de Salamanca ó de Ávila. Hubo en Lusitania una población llamada Augustobriga, pero estaba, según el itinerario de Antonino, en el camino de Mérida á Zaragoza, y generalmente se la reduce á Villar del Pedroso, en los montes de Toledo. Otra había en el país de los Arevacos, al Oriente de Numancia, y era mansión en la vía romana de Astorga á Césaraugusta.
[398] Opusculo acerca de Palmeirin de Inglaterra e do seu autor no qual se prova haver sido a referida obra composta originalmente em portuguez. Por Manuel Odorico Mendes, da Cidade de S. Luiz do Maranhão. Lisboa, 1860.
[399] Discurso sobre el Palmerín de Inglaterra y su verdadero autor, presentado á la Real Academia de Ciencias de Lisboa, por Nicolás Díaz de Benjumea, académico correspondiente extranjero. Lisboa, imprenta de la Real Academia de Ciencias, 1860.
Antes había publicado Benjumea otros trabajos sobre la misma materia, que están refundidos en éste.