(Al fin): Aqui se acaba el libro llamado relox de principes y marco aurelio: libro ciertamente muy prouechoso: y por muy alto estilo escripto: y que salva pace en la lengua castellana podemos con verdad dezir que es unico: bien paresce el auctor aver en él consumido mucho tiēpo pues nos le dio tan corregido: roguemos a dios todos por su vida: pues es de nuestra nacion española: para que siempre vaya adelante con su doctrina. Acabose en la muy noble villa de Valladolid: por maestre Nicolas tierri impsor de libros. A ocho dias de abril de mil y quinientos y veynte y nueve años.
Fol. gót. 6 hs. prels. sin foliar, 14 de prólogo, 309 de texto y una en blanco.
La edición de 1532, Barcelona, por Carlos Amorós, lleva añadidos «nueve cartas y siete capítulos, no de menor estilo y altas sentencias que todo lo en él contenido». Los capítulos añadidos (entre los cuales figuran las epístolas amatorias de Marco Aurelio) son los que van del 58 al 73 del libro III.
Es de presumir que contenga las mismas adiciones el Libro Aureo de Marco Aurelio Emperador, eloquentissimo orador, impreso en Venecia por Juan Bautista Pedrezano, en 1532 (según creemos, con asistencia del corrector Francisco Delicado) «por importunacion de muy muchos señores a quien la obra y estilo y lengua romāce castellana muy mucho aplaze: correcto de las letras que trocadas estavan». Á lo menos, en el frontis se dice que contiene «muchas cosas hasta aqui en ningun otro impresas».
Son muy numerosas las ediciones posteriores á éstas, pero no tienen estimación bibliográfica.
[555] «Yo comencé a entender en esta obra el año de mil y quinientos y diez y ocho, y hasta el año de veynte y quatro ninguno alcançó en qué yo esta va ocupado: luego el siguiente año de veynte y quatro, como el libro que tenia yo muy secreto estuviesse divulgado, estando su Magestad (Carlos V) malo de la quartana, me le pidio para pasar tiempo y aliviar su calentura. Yo serví a su Magestad estonces con Marco Aurelio: el qual aun no le tenia acabado ni corregido, y supliquéle humildemente que no pidia otra merced en pago de mi trabajo, sino que a ninguno diesse lugar que en su real camara trasladasse el libro, porque en tanto que yo yva adelante con la obra, y que no era mi fin de publicarla de la manera que estonces estava, si otra cosa fuesse, su Magestad sería muy deservido y yo perjudicado. Mis pecados que lo uvieron de hacer: el libro fue hurtado y por manos de diversas personas traydo y trasladado, y como unos a otros le hurtavan y por manos de pajes le escrevian, como cada dia crescian en él más la faltas, y no avia más de un original por do corregirlas. Es verdad que me trugeron algunos a corregir: que si supieran hablar, ellos se quexasen más de los que los escrivieron, que no yo de los que le hurtaron. Añadiendo herror sobre herror, ya que yo andava al cabo de mi obra y queria publicarla, remanesce Marco Aurelio impresso en Seuilla, y en este caso yo pongo por juezes a los lectores entre mí y los impresores, para que vean si cabia en ley ni justicia un libro que estaba a la imperial majestad dedicado, era el auctor niño, estava imperfecto, no venia corregido, que osase ninguno imprimirlo ni publicarlo. No parando en esto el negocio imprimieronse otra vez en Portugal y luego en los reynos de Aragon, y si fue viciosa la imprission primera no por cierto lo fueron menos la segunda y tercera; por manera que lo que se escrive para el bien comun de la republica, cada uno lo quiere aplicar en provecho de su casa. Otra cosa acontesció con Marco Aurelio, la qual he verguença de la dezir, pero más la habrán de tener los que la osaron hazer, y es que algunos se hazian auctores de la obra toda, otros en sus escripturas enxerian parte della como suya propria: lo qual paresce en un libro impresso do el auctor puso la plática del villano, y en otro libro tanbien impresso puso otro la habla que hizo Marco Aurelio a Faustina, quando le pidio la llave. Pues estos ladrones han venido a mi noticia, bien pienso yo que se deve aver hurtado más hazienda de mi casa. En esto veran que Marco Aurelio no estava corregido, pues agora se le damos muy castigado. En esto veran que no estava acabado, pues agora sale perfecto. En esto veran que le faltava mucho, pues agora le veran añadido...». (Fol. XIIII de la edición de Valladolid).
[556] La patria de Guevara consta de una manera explícita en su letra al abad de San Pedro de Cardeña, que es la XXXIV de la primera serie de las Epístolas Familiares: «Que como naci en Asturias de Santillana y no en el potro de Cordoba, ninguna cosa pudiera enviarme a mí más acepta que aquella carne salada» (alude á unas cecinas que le había regalado el abad).
Los que creen salir del paso con decir que ésta es una frase proverbial y metafórica, harían bien en presentar algún ejemplo de ella. Entretanto séanos permitido tomarla en su sentido recto, mucho más cuando, sin salir de la misma carta, la corroboran otras palabras del mismo Guevara, tan terminantes como éstas: «A los que somos montañeses no nos pueden negar los castellanos que cuando España se perdió, no se hayan salvado en solas las montañas todos los hombres buenos, y que despues acá no hayan salido de alli todos los nobles. Decia el buen Iñigo López de Santillana que en esta nuestra España, que era muy peregrino o muy nuevo el linaje que en la Montaña no tenia solar conocido». Y en la epístola XV de la segunda serie á D. Alonso Espinel, corregidor de Oviedo: «Verdad es que los viejos de mi tierra, la Montaña, más cuenta tienen con la taberna que no con la botica».
Contra afirmaciones tan terminantes nada prueba el epitafio de Guevara donde se le llama patria alavensis, aunque se le suponga compuesto por él mismo. La voz patria admite varias acepciones, entre ellas la de origen. No hay duda que el linaje de Guevara procede de Álava, y en este sentido, Fr. Antonio pudo llamarse alavés. Pero en el verbo nacer no cabe anfibología alguna. Nació, pues, Fr. Antonio de Guevara en la merindad de Asturias de Santillana, nombre que antiguamente se daba á la parte mayor de lo que hoy es provincia de Santander, denominada también montañas de Burgos, ó simplemente la Montaña, como todavía la llaman, por antonomasia, castellanos y andaluces. En cuanto al lugar de su nacimiento, apenas puede dudarse que lo fue Treceño (en el actual ayuntamiento de Valdáliga), donde persevera la torre de los de su apellido y donde consta que pasó su infancia: «Acuerdome que siendo muy niño, en Treceño, lugar de nuestro mayorazgo de Guevara, vi a D. Ladron, mi tio, y a D. Beltrán, mi padre, traer luto por vuestro padre». (Letra al obispo de Zamora, D. Alonso de Acuña). Pudiéramos añadir otras pruebas genealógicas, pero serían superfluas después de lo dicho.
[557] M. Antonini Imperatoris Romani, et Philosophi de seipso seu vita sua Libri XII. Graecè et Latinè nunc primum editi, Gulielmo Xylandro Augustano interprete: qui etiam Annotationes adjacit Tigvri apvd Andream Gesnerum, 1559.