[655] Segunda Comedia de Celestina, por Feliciano de Silva (tomo IX de la Colección de libros españoles raros y curiosos, Madrid, 1874), pp. 390-398.

[656] Sus obras fueron impresas con la novela de Bernardim Ribeiro en Ferrara, 1554. La principal es una égloga de más dé 900 versos, conocida con el nombre de Trovas de Chrisfal, en que el poeta cuenta sus amores con doña María Brandam. Teófilo Braga publicó una reimpresión de estos versos. Obras de Christovam Falcāo contendo a Ecloga de Crisfal, a Carta, Esparsas e Sextinas; ed. critica reproducida da ediçāo de Colonia, de 1559. Porto, 1871.

Del Chrisfal existe en la Biblioteca Nacional de Lisboa una edición en pliego suelto gótico, que parece anterior á la de Ferrara.

[657] Noites de insomnio, núm. 19, pp. 29-36.

[658] Son también personas distintas de nuestro poeta, aunque acaso no lo sean todas entre sí, un Bernaldim Ribeiro, que fué nombrado escribano de cámara de D. Juan III en 1524; otro que era escribano en Barcellos en 1586, y otro que aparece como procurador de número en Obidos y contador de un hospital en Caldas da Rainha por los años de 1594 (Vid. el prólogo del Sr. Pesanha á su edición de Menina e Moça, pp. CLXXIII y CLXXIV). Creo que en ninguna parte abundan los homónimos tanto como en Portugal. En cuanto al Bernardino de Ribera, maestro de capilla de Toledo, que T. Braga quiso identificar con el poeta, Barbieri demostró que era natural de Játiba.

[659] Poesías de Francisco de Sá de Miranda. Ediçāo feita sobre cinco manuscriptos ineditos e todas as ediçoes impressas. Acompanhada de un estudio sobre o poeta, variantes, notas, glossario e un retrato por Carolina Michaëlis de Vasconcellos. Halle, Max Niemeyer, 1885. Vid. sobre B. Ribeiro, páginas 767-771.

Edición admirable, magistral, la mejor que tenemos hasta ahora de ningún lírico español del siglo XVI.

[660] Bernaldim Ribeiro, Menina e Moça... (Saudades). Ediçāo dirigida e prefaciada por D. José Pesanha. Porto. E. Chardron, ed. 1891.

[661] Hilas continúan llamándose estas tertulias de aldea en la montana de Santander, filandones en Asturias. Admirablemente las describe Pereda en su cuadro Al amor de los tizones.

[662] Restituyo á la palabra soledad un sentido que nunca debió perder, y que es tan nuestro como la saudade portuguesa.