[735] Bien sé que no lo es en rigor, porque no se trata en ella de las faenas de los pescadores; pero pasa cerca del mar, á él se hace continua referencia, y no me parece impropio, por consiguiente, incluirla en este género, aun á riesgo de faltar al tecnicismo retórico.

[736] Además de la descripción de la tempestad en las prosas del libro primero, imitada del primero de la Eneida, son de origen virgiliano estos versos de la Carta de Fileno á Ismenia (lib. II):

Pues en cantos, no me espanto
De Amphion el escogido,
Pues mejores que él han sido
Confundidos con mi canto.
Aro muy grande comarca,
Y en montes propios y estraños
Pascen muy grandes rebaños
Almagrados de mi marca.
Mille meæ Siculis errant in montibus agnæ
....................................................
Canto, quæ solitus, si quando armenta vocabat,
Amphion Dircæus in Actæo Aracyntho.

(Égl. II).

[737] También en esta descripción del río parece que se acordó Gil Polo de otros versos de Claudiano, aquellos del poema sobre el noveno consulado de Honorio, que tan espléndidamente imitó Hernando de Herrera en su Canción á San Fernando:

...Ille caput placidis sublime fluentis
Extulit, et totis lucem spargentia ripis
Aurea roranti micuerunt cornua vultu.
Non illi madidum vulgaris arundine crinem
Velat honos, rami caput umbravere virentes
Heliadum, totisque fluunt electra capillis.

[738] Usada ocasionalmente en el primer libro (p. 56 de la ed. de Sancha):

Berardo, el mal que siento es de tal arte
Que en todo tiempo y parte me consume...
Tauriso, el alto cielo hizo tan bella
Esta Dïana estrella, que en la tierra
Con luz clara destierra mis tinieblas...

[739] Tercos esdruccioles los llama Gil Polo, que los usa una vez sola, al principio de una égloga del tercer libro (p. 114):

Tauriso, el fresco viento que alegrándonos
Murmura entre los árboles altíssimos,
La vista y los oídos deleitándonos...