Muy virtuoso señor:

Aunque me falta sofrimiento para callar, no me fallesce conoscimiento para ver quanto me estaria meior preciarme de lo que callase que arepentirme de lo que dixiese; y puesto que assi lo conozca, avnque veo la verdad sigo la opinion, y como hago lo peor nunca quedo sin castigo, porque si con rudeza yerro con verguença pago. Verdad es que en la obra presente no tengo tanto cargo pues me puse en ella más por necesidad de obedescer que con voluntad de escreuir. Porque de vuestra merced me fue dicho que deuia hazer alguna obra del estilo de vna oracion que enbié a la señora doña Marina Manuel porque le parecia menos malo que el que puse en otro tratado que vio mio. Assi que por conplir su mandamiento pense hacerla, auiendo por meior errar en el dezir, que en el desobedecer. Y tambien acordé endereçarla á vuestra merced, porque la fauorezca como señor y la emiende como discreto. Como quiera que primero que me determinase, estuue en grandes dubdas. Vista vuestra discrecion temia, mirada vuestra virtud osaua. En lo uno hallaua el miedo, y en lo otro buscaua la seguridad, y en fin escogí lo más dañoso para mi verguença, y lo más provechoso para lo que deuia.

Podré ser reprehendido, si en lo que agora escriuo, tornare á dezir algunas razones, de las que en otras cosas he dicho. De lo qual suplico á vuestra merced me salue; porque como he hecho otra escritura de la calidad de esta, no es de marauillar que la memoria desfallesca. Y si tal se hallare, por cierto más culpa tiene en ello mi oluido que mi querer.

Sin dubda, Señor, considerado esto y otras cosas que en lo que escriuo se pueden hallar, yo estaua determinado de cesar ya en el metro y en la prosa, por librar mi rudeza de juyzios, y mi espíritu de trabaios. Y paresce quanto más pienso hazerlo, que se me ofrecen más cosas para no poder conplirlo. Suplico á vuestra merced antes que condene mi falta, juzgue mi voluntad, porque reciba el pago no segund mi razon, mas segund mi deseo.

COMIENÇA LA OBRA

Despues de hecha la guerra del año pasado, viniendo á tener el inuierno á mi pobre reposo, pasando vna mañana, quando ya el sol queria esclarecer la tierra, por vnos valles hondos y escuros, que se hazen en la Sierra Morena, vi salir á mi encuentro por entre unos robredales do mi camino se hazia, vn cauallero assi feroz de presencia como espantoso de vista, cubierto todo de cabello á manera de saluaie. Leuaua en la mano ysquierda vn escudo de azero muy fuerte y en la derecha una ymagen femenil, entallada en vna piedra muy clara, la qual era de tan estrema hermosura, que me turbaua la vista; salian della diuersos rayos de fuego que leuaua encendido el cuerpo de vn onbre quel cauallero forciblemente leuaua tra si. El qual con un lastimado gemido de rato en rato dezia: en mi fe se sufre todo.

Y como empareió comigo, dixome con mortal angustia: caminante, por Dios te pido que me sigas y me ayudes en tan grand cuyta. Yo que en aquella sazon tenia más causa para temor que razon para responder; puestos los oios en la estraña vision estoue quedo, trastornando en el coraçon diuersas consideraciones. Dexar el camino que leuaua pareciame desuario, no hazer el ruego de aquel que assi padecia figurauaseme inumanidad. En siguille auia peligro, y en dexalle flaqueza. Con la turbacion no sabia escojer lo meior. Pero ya que el espanto dexó mi alteracion en algund sosiego, vi quanto era más obligado á la virtud que á la vida: y empachado de mi mesmo por la dubda en que estuue, seguí la via de aquel que quiso ayudarse de mi. Y como apresuré mi andar, sin mucha tardança alcancé a él y al que la fuerça le hazia, y assi seguimos todos tres por vnas partes no menos trabaiosas de andar, que solas de plazer y de gente, y como el ruego del forçado fué causa que lo siguiese, para acometer al que lo leuaua faltabame apareio y para rogalle merescimiento, de manera que me fallecia conseio. Y despues que reboluí el pensamiento en muchos acuerdos, tomé por el meior ponerle en alguna plática, porque como él me respondiese, así yo determinase. Y con este acuerdo supliquéle con la mayor cortesia que pude, me quisiese dezir quien era, á lo qual assi me respondió: Caminante, segund mi natural condicion, ninguna respuesta quisiera darte porque mi oficio mas es para secutar mal que para responder bien; pero como siempre me crié entre onbres de buena criança, vsaré contigo de la gentileza que aprendi y no de la braueza de mi natural. Tú sabras pues lo quieres saber. Yo soy principal oficial en la casa de amor, llamanme por nombre Deseo. Con la fortaleza deste escudo defiendo las esperanças, y con la hermosura desta ymagen causo las aficiones y con ellas quemo las vidas, como puedes ver en este preso que lieuo á la carcel de Amor donde con solo morir se espera librar.

Quando estas cosas el atormentator cauallero me yba diziendo, sobiamos vna sierra de tanta altura, que á mas andar mi fuerça desfallecia: y ya que con mucho trabaio llegamos á lo alto della, acabó su respuesta. Y como vido que en más pláticas quería ponelle yo que començaua á dalle gracias por la merced recebida, supitamente desaparecio de mi presencia. Y como esto pasó a tienpo que la noche venia, ningund tino pude tomar para saber donde guió: y como la escuridad y la poca sabiduría de la tierra me fuesen contrarias, tomé por propio conseio no mudarme de aquel lugar. Allí comence á maldezir mi ventura, allí desesperaua de toda esperança, allí esperaua mi perdimiento, allí en medio de mi tribulacion nunca me pesó de lo hecho; porque es meior perder haziendo virtud, que ganar dexandola de hazer. Y assí estuue toda la noche en tristes y trabaiosas contemplaciones: y quando ya la lumbre del día descubrio los canpos, vi cerca de mí, en lo mas alto de la sierra, vna torre de altura tan grande, que me parecía llegar al cielo; era hecha por tal artificio, que de la estrañeza della comence á marauillarme. Y puesto al pie, avnque el tienpo se me ofrecia más para temer que para notar, miré la nouedad de su lauor y de su edificio.

El cimiento sobre que estaua fundada, era vna piedra tan fuerte de su condicion y tan clara de su natural, qual nunca otra tal iamás auia visto: sobre la qual estauan firmados quatro pilares de vn marmol morado muy hermoso de mirar. Eran en tanta manera altos, que me espantaua como se podian sostener. Estaua encima dellos labrada vna torre de tres esquinas, la más fuerte que se puede contemplar. Tenia en cada esquina, en lo alto della, vna ymagen de nuestra umana hechura, de metal, pintada cada vna de su color; la vna de leonado, y la otra de negro, y la otra de pardillo. Tenia cada vna dellas vna cadena en la mano asida con mucha fuerza. Ví más encima de la torre vn chapitel sobrél qual estaua vn aguila que tenia el pico y las alas llenas de claridad de vnos rayos de lumbre que por dentro de la torre salían á ella. Oya dos velas que nunca vn solo punto dexauan de velar. Yo que de tales cosas iustamente me marauillaua, ni sabia dellas qué pensase, ni de mí qué hiziese; y estando conmigo en grandes dubdas y confusion, ví trauada con los mármoles dichos vn escalera que llegaua á la puerta de la torre, la qual tenia la entrada tan escura, que parescia la sobida della á ningund onbre posible. Pero ya deliberado quise antes perderme por sobir, que saluarme por estar, y forçada mi fortuna, comencé la sobida. Y á tres pasos del escalera hallé vna puerta de hierro, de lo que me certificó más el tiento de las manos que la lumbre de la vista, segund las tinieblas do estaua. Allegado pues á la puerta, hallé enella vn portero, al qual pedí licencia para la entrada, y respondiome que lo hacia, pero que me conuenia dexar las armas primero que entrase; y como le daua las que leuaua, segund costumbre de caminantes, díxome:

Amigo, bien paresce que de la usança desta casa sabes poco. Las armas que te pido, y te conuiene dexar, son aquellas con que el coraçon se suele defender de tristeza, assí como Descanso, y Esperança, y Contentamiento, porque con tales condiciones ninguno pudo gozar de la demanda que pides.