«Considerados los desasossiegos, escándalos y peligros, gastos de hazienda y menoscabos de salud, que proceden de amorosos devaneos, dixo que los passatiempos del Amor son como el tesoro de los alquimistas, que costándoles mucho tiempo y trabajo, gastan el oro que tienen por el que después no sacan». (Fol. 67.)

«Alabando algunos justissimamente la rara habilidad del doctor Salinas[166], canónigo de Segovia, dixo que era Salinas de gracia y donaire, con ingenio de açucar». (Fol. 74.)

«El (autor) y un amigo suyo, que le solia reprehender porque no componia la segunda parte de la Austriada, passaron por donde estava un paxarillo destos que suben la comida y la bevida con el pico, entre otros que estavan enjaulados. Y como todos cantassen, y aquel no, dixo: Veys aqui un retrato del silencio de mi pluma, porque no soy paxaro enjaulado, sino aquel que está con la cadena al cuello. Preguntado por qué, dixo estos versos:

Para el hombre que no es rico
Cadena es el matrimonio,
Y tormento del demonio
Sustentarse por su pico».

(Fol. 94.)

«De quinientos ducados que el Rey le hizo de merced por su libro de la Austriada, fue gastando en el sustento de su casa hasta que no le quedaban sino cincuenta, los quales se puso á jugar[167]. Y preguntado por qué hazia aquel excesso, R. Para que las reliquias de mis soldados vençan, ó mueran peleando, antes que el largo cerco los acabe de consumir». (Fol. 99 vuelto.)

«Como hay mujeres feas, que siendo ricas se dan á entender que á poder de atavios han de suplir con curiosidad los defectos de naturaleza: de la misma manera piensan algunos que por ser estudiosos y leydos, han de salir buenos poetas, siendo cosa, si no del todo agena de sus ingenios, á lo menos cuesta arriba y llena de aspereza. Y para más confirmacion deste engaño, nunca les faltan aficionados que los desvanezcan. Pues como un hombre que era apassionadissimo de un poeta por accidente, defendiesse sus Mussas con dezir que era hombre que sabia, le dixo: No es todo uno ser maestro de capilla y tener buena voz». (Fol. 135.)

«Vivía en la corte un pintor[168] que ganava de comer largamente á hazer retratos, y era el mejor pie de altar para su ganancia una caxa que traya con quarenta ó cincuenta retratos pequeños de las más hermosas señoras de Castilla, cuyos traslados le pagavan muy bien, unos por aficion y otros por sola curiosidad. Este le mostró un dia todo aquel tabaque de rosas, y le confessó los muchos que le pedian copias dellas. R. Soys el rufian más famoso del mundo, pues ganays de comer con cincuenta mujeres». (Fol. 136.)

«Armándose en Flandes D. Lope de Acuña, para un hecho de armas, algo de priessa, dixo á dos criados que le ayudavan á armar que le pussiessen mejor la celada: la qual como fuesse Borgoñona, y al cerralla le huviessen cogido una oreja, le dava mucho fastidio. Los criados le respondieron una, y dos, y más vezes, que no yva sino muy en su lugar. Y como las ocasiones no lo davan para detenerse mucho, entró assi en la refriega, que fué sangrienta. Y desarmándose despues D. Lope, como se le saliesse la una oreja assida á la celada, en vez de enojarse, dixo con mucha mansedumbre á los que le armaron: ¿No os dezia yo que yva mal puesta la celada?» (Fol. 148.)

«Acabando de leer unos papeles suyos, le dixo uno de los oyentes: No sé por qué no os proveen en un corregimiento de los buenos de España; mas a fe que si en algo errárades, y yo fuera presidente, que os avia de echar á galeras, pues no podiades hazello de ignorancia. R. Rigurosissimo andays conmigo, pues antes que acepte el cargo me tomays la residencia»[169]. (Fol. 155.)