Micillo.—¡Oh, desdichado de mi! ¿por qué no traje yo acá un poco de lo que me sobraba allá, para salir desta miseria? pues dime, Gallo, en qué tengo de convertirme despues de que deje de ser Micillo?
Gallo.—Eso yo no lo sé porque está por venir; mas volviendo á mi propósito, como al prencipio de mi ser yo fuese Euforbio y pelease ante los muros de Troya matóme Menelao y dende á poco tiempo vine á ser Pitágoras; por cierto vine á vevir sin casa ni techo donde pudiese posar hasta que Menesarca me la edificó.
Micillo.—Ruégote que me digas, ¿hacias vida sin comer ni beber?
Gallo.—Por cierto no usaba de más de lo que al cuerpo le podia bastar.
Micillo.—Pues primero te ruego me digas lo que en Troya pasó y lo que viste siendo tú Euforbio, por ver si Homero dijo verdad.
Gallo.—¿Cómo lo podia él saber, pues no lo vio? que cuando aquello pasaba era él camello en las Indias; una cosa quiero que sepas de mí; que ni Ayax Telamon fue tan esforzado como lo pinta Homero ni Helena tan hermosa porque ya muy vieja era, casi tanto como Hécuba, porque esta fue mucho antes robada de Teseo en Anfione; ni tampoco fue tan elegante Archiles (sic) ni tan astuto Ulises, que en la verdad fabula es y muy lejos de la verdad, como suele acaescer que las cosas escritas en historias y contadas en lejos (sic) tierras sean muy mayores en la fama y mas elegantes de lo que es verdad. Esto te baste de Euforbio y de las cosas de Troya.
CAPITULO VII
Que siendo Pitagoras lo que le acaesció.
Gallo.—Vengo á contar lo que siendo Pitágoras me acaesció y porque cumple que digamos la verdad, yo fue en suma un sofista y no nescio, muy poco ejercitado en las buenas disciplinas, e acordé de me ir en Egito por disputar con los filosofos en sus altas ciencias, con los cuales deprendí los libros de la diosa Ceres la qual fue inventadora de la astrología y primera dadora de leyes, y despues volvime en Italia, donde comenze á enseñar á los latinos aquello que deprendí de los griegos y de tal suerte doctriné que me adoraban por Dios.
Micillo.—Ya yo he oido eso y cómo de los italos fueste creido; mas dime agora la verdad; ¿qué fue la causa que te movió que constituyeses ley que no comiesen carne ni habas ningun hombre?