Gallo.—En el canto passado quedé de te mostrar la bondad y sosiego de la vida de las fieras, y avn la ventaja que en su natural hazen a los hombres. Esto mostraré ser verdad en tanta manera que podria ser, que si alguna dellas diessen libertad de quedar en su ser, o venir a ser hombre como vos, escogeria quedar fiera, puerco, lobo o leon antes que venir a ser hombre, por ser entre todos los animales la especie mas trabajada y infeliz. Mostrarte he el órden y conçierto de su vibir, tanto que te conuenças afirmar ser en ellas verdadero vso de razon, por lo qual las fieras sean dignas de ser en mas tenidas, elegidas y estimadas que los hombres.

Miçilo.—Parece, gallo, que con tu eloquençia y manera de dezir me quieres encantar, pues te profieres a me mostrar vna cosa tan lexos de verdadera y natural razon. Temo me que en eso te atreues a mi presumiendo que facilmente como a pobre çapatero qualquiera cosa me podras persuadir. Agora pues desengañate de oy mas que confiado de mi naturaleza yo me profiero a te lo defender. Di, que me plazerá mucho oyr tus sophisticos argumentos.

Gallo.—Por çierto yo espero que no te parezcan sophisticos, sino muy en demostraçion. Prinçipalmente que no me podras negar que yo mejor que quantos ay en el mundo lo sabré mostrar, pues de ambas naturalezas de fiera y hombre tengo hecha esperiencia. Pues agora pareceme a mi que el prinçipio de mi prueba se deue tomar de las virtudes, justiçia, fortaleza, prudençia, continençia y castidad, de las quales vista la perfeçion con que las vsan y tratan las fieras conoçeras claramente no ser manera de dezir lo que he propuesto, mas que es muy aueriguada verdad. Y quanto a lo primero quiero que me digas; si huviesse dos tierras, la vna de las quales sin ser arada, cabada ni sembrada, ni labrada, por sola su bondad y generosidad de buena naturaleza lleuasse todas las frutas, flores y miesses muy en abundancia? Dime, no loarias más a esta tal tierra, y la estimarias y antepornias a otra, la qual por ser montuosa y para solo pasto de cabras avn siendo arada, muy rompida, cabada y labrada con dificultad diesse fruto poco y miserable?

Miçilo.—Por çierto avnque toda tierra que da fruto avnque trabajadamente es de estimar, de mucho mas valor es aquella que sin ser cultivada, o aquella que con menos trabajo nos comunica su fruto.

Gallo.—Pues de aqui se puede sacar y colegir como de sentençia de prudente y cuerdo, que ay cosas que se han de loar y aprobar por ser buenas, y otras por muy mejores se han de abraçar, amar y elegir. Pues ansi de esta manera verdaderamente y con necesidad me conçederas que avnque el ánima del hombre sea de gran valor, el ánima de la fiera es mucho más; pues sin ser rompida, labrada, arada ni cabada; quiero dezir, sin ser enseñada en otras escuelas ni maestros que de su mesma naturaleza es mas abil, presta y aparejada a produçir en abundançia el fruto de la virtud.

Miçilo.—Pues dime agora tú, gallo, de qual virtud se pudo nunca adornar el alma del bruto, porque pareze que contradize a la naturaleza de la misma virtud?

Gallo.—Y eso me preguntas? Pues yo te probaré que la vsan mejor que el más sabio varon. Porque lo veas vengamos primero a la virtud de fortaleza de la qual vosotros, y principalmente los españoles entre todas las naciones, os gloriais y honrrais. Quan vfanos y por quan gloriosos os teneis quando os oys nombrar atreuidos saqueadores de çiudades, violadores de templos, destruidores de hermosos y sumptuosos edifiçios, disipadores y abrasadores de fertiles campos y miesses? Con los quales exerçiçios de engaños y cautelas aueis adquirido falso titulo y renombre entre los de vuestro tiempo de animosos y esforçados, y con semejantes obras os aueis usurpado el nombre de virtud. Pero no son ansi las contiendas de las fieras, porque si han de pelear entre si o con vosotros, muy sin engaños y cautelas lo hazen, abierta y claramente las verás pelear con sola confiança de su esfuerço. Prinçipalmente porque sus batallas no estan subjetas a leyes que obliguen a pena al que desamparare el campo en la pelea. Pero como por sola su naturaleza temen ser vencidos trabajan quanto pueden hasta vencer a su enemigo avn que no obligan el cuerpo ni sus animos a subjeçion ni vasallaje siendo vencidas. Y ansi la vençida siendo herida cayda en el suelo es tan grande su esfuerço que recoxe el animo en vna pequeña parte de su cuerpo y hasta que es del todo muerta resiste a su matador. No hay entre ellas los ruegos que le otorgue la vida; no suplicaciones lagrimas ni petiçiones de misericordia; ni el rendirse al vençedor confesandole la vitoria, como vosotros hazeis quando os tiene el enemigo a sus pies amenaçandoos degollar. Nunca tú viste que vn leon vençido sirua a otro leon vençedor, ni vn cauallo a otro, ni entre ellos ay temor de quedar con renombre de cobardes. Qualesquiera fieras que por engaños o cautelas fueron alguna vez presas en lazos por los caçadores, si de edad razonable son, antes se dexarán de hambre y de sed morir que ser otra vez presas y captiuas si en algun tiempo pudieran gozar de la libertad. Aunque algunas vezes aconteçe que siendo algunas presas siendo pequeñas se vienen a amansar con regalos y apazibles tratamientos, y ansi aconteçe darseles por largos tiempos en seruidumbre a los hombres. Pero si son presas en su vejez o edad razonable antes moriran que subjetarseles. De lo qual todo claramente se muestra ser las fieras naturalmente naçidas para ser fuertes y vsar de fortaleza, y que los hombres vsan contra verdad de titulo de fuertes que ellos tienen usurpado diziendo que les venga de su naturaleza, y avn esto façilmente se verá si consideramos vn prinçipio de philosophia que es vniuersalmente verdadero; y es, que lo que conuiene por naturaleza a vna especie conuiene a todos los indiuiduos y particulares igual y indiferentemente. Como acontece que conuiene a los hombres por su naturaleza la risa, por la qual a qualquiera honbre en particular conuiene reyrse. Dime agora, Miçilo, antes que passe adelante, si ay aqui alguna cosa que me puedas negar?

Miçilo.—No porque veo por esperiençia que no ay honbre en el mundo que no se rya y pueda reyr; y solo el honbre propiamente se rye. Pero yo no sé a que proposito lo dizes.

Gallo.—Digolo porque pues esto es verdad y vemos que igualmente en las fieras en fortaleça y esfuerço no diffieren machos y hembras, pues igualmente son fuertes para se defender de sus enemigos, y para sufrir los trabajos neçesarios por defender sus hijos, o por vuscar su mantenimiento, que claramente pareçe conuenirles de su naturaleza. Porque ansi hallarás de la hembra tigre, que si a caso fue a vuscar de comer para sus hijos que los tenia pequeños y en el entretanto que se ausentó de la cueua vinieron los cazadores y se los lleuaron; diez y doze leguas sigue a su robador y hallado haze con él tan cruda guerra que veynte honbres no se le igualaran en esfuerço. Ni tampoco para esto aguardan favorecerse de sus maridos, ni con lagrimas se les quexan contándoles su cuyta como hazen vuestras hembras. Ya creo que habrás oydo de la puerca de Calidonia quantos trabajos y fatigas dio al fuerte Theseo con sus fuertes peleas. Que dire de aquel sphinge de Pheniçia y de la raposa telmesia? Que de aquella famosa serpiente que con tanto esfuerço peleó con Apolo? Tambien creo que tú abrás visto muchas leonas y osas mucho mas fuertes que los machos en su naturaleza. Y no se han como vuestras mugeres las quales quando vosotros estais en lo mas peligroso de la guerra estan ellas muy descuidadas de vuestro peligro sentadas al fuego, o en el regalo de sus camas y deleytes. Como aquella Reyna Clithenestra, que mientra su marido Agamenon estaua en la guerra de troya gozaua ella de los bessos y abraços de su adultero Egisto. De manera que de lo que tengo dicho pareçeme no ser verdad, no ser natural la fortaleza a los hombres, porque si ansi fuesse igualmente conuernia el esfuerço a las henbras de vuestra espeçie, y se hallaria como en los machos como aconteçe en las fieras. Ansi que podemos dezir, que los honbres no de su voluntad, mas forjados de vuestras leyes y de vuestros principes y mayores venis a exercitaros en esfuerço, porque no osais yr contra su mandado temiendo grandes penas. Y estando los honbres en el peligro más fragoso del mar, el que primero en la tenpestad se mueue no es para tomar el mas pesado remo y trabajar doblado; pero cada qual procura yr primero por escoger el mas ligero y dexar para los de la postre la mayor carga, y avn del todo la reusarian sino fuesse por miedo del castigo, o peligro en que se ven. Y ansi este tal no se puede dezir esforzado, ni este se puede gloriar ser doctado desta virtud, porque aquel que se defiende de su enemigo con miedo de reçebir la muerte este tal no se deue dezir magnanimo ni esforçado pero cobarde y temeroso. Desta manera aconteçe en vosotros llamar fortaleza lo que bien mirado con prudencia es verdadera cobardia. Y si vosotros os hallais ser mas esforçados que las fieras, por qué vuestros poetas y historiadores quando escriuen y decantan vuestras hazañas y hechos en la guerra os comparan con los leones, tigres y onzas, y por gran cosa dizen que igualastes en esfuerço con ellos? Y por el contrario nunca en las batallas de las fieras fueran en su ánimo comparadas con algun hombre. Pero ansi como aconteçe que comparamos los ligeros con los vientos, y a los hermosos con los angeles, queriendo hazer semejantes los nuestros con las cosas que exceden sin alguna medida ni tasa: ansi parece que desta manera comparais los honbres en vuestras historias en fortaleza con las fieras como a cosas que exceden sin comparaçion. Y la causa desto es, porque como la fortaleza sea vna virtud que consiste en el buen gouierno de las passiones y impetus del animo, el qual más sincero y perfecto se halla en las peleas que entre si tienen las fieras. Porque los hombres turbada la razon con la yra y la soberuia los ciega y desbarata tanto la colera que ninguna cosa hazen con libertad que merezca nombre de virtud. Avn con todo esto quiero dezir que no teneis porqué os quexar de naturaleza porque no os diese vñas, colmillos, conchas y otras armas naturales que dio a las fieras para su defensa, pues que vn entendimiento de que os armó para defenderos de vuestros enemigos le enbotais y entorpeçeis por vuestra culpa y negligençia.

Miçilo.—O gallo, quan admirable maestro me has sido oy de Retorica, pues con tanta abundançia de palabras has persuadido tu proposito avn en cosa tan seca y esteril. Forçado me has a creer que hayas sido en algun tiempo vno de los famosos philosophos que obo en las escuelas de athenas.