Miçilo.—Por çierto gran deseo me queda de saber el suçeso de la batalla: porque no puedo yo creer que no tuuiesse[560] satisfazion la justiçia de Dios. Cosa marauillosa es, que un animal tan sin manos, y ser simple y pusilanime tenga atreuimiento para ansi con tanto daño engañar. Vn animal tan callado, tan humilde, tan sin alteracion, de tanta religion y recogimiento acometa vn tan atroz y nefando insulto, speçie tan calificada de traiçion. ¿Quién no fiara dellas? A quién no engañaran con su fingida[561] simpleza? No en vano dizen: que más daño haze un rio manso, que vn hondo y furioso. Porque á la contina se vio por esperiençia estar la hondura y çienago en el remanso y quietud del agua. Pero sobre todo lo que me has contado, gallo, estoy espantado quando considero quán estremado animal es la muger. Tan presuntuoso, tan vanaglorioso, tan desasosegado, tan cobdiçioso de estima, mando y veneraçion, aviendo sido criado por Dios para tanta bajeza y humildad: que poca differencia y ventaja ay entre la rana y este animal que no ay[562] muger por pobre y miserable que sea que no presuma de si ser mereçedora y poderosa para mandar y gouernar la monarchia del vniuerso, y que es pequeño el mundo para lo mucho que tiene entendido de si. Çiertamente tú tienes mucha razon en sustentar auer toda criatura corrompido la carrera y regla de su viuir.

Gallo.—Çiertamente tú dizes la verdad; que no saben tener en sus cosas templança ni medio; mas en todo son amigas del estremo.

Miçilo.—Hasta[563] vna monja que está en vn monesterio ençerrada, auiendo professado la humildad y menospreçio de los mandos y preheminencias y ventajas con que el mundo faboreçe a sus mas incumbrados naturales, y auiendo prometido a Dios y a la religion de negarse a sí y a su proprio interes; y que solamente hará la voluntad ajena y de su perlada y mayor, y veys con quanto estremo se sacude de su profesion y en alma y obras y pensamiento vibe al reues; y porque me pareçe que es especie de estremada vileza dezir mal de mugeres quiero acortar en este proposito[564]; porque los honbres honrrados antes las deuen defender por ser flaco animal[565]; que de otro materia se nos auia ofreçido de que pudieramos largo hablar. Pues, ¿qué si dezimos en el estremo que tienen en el amar y aborrecer? En el qual ningun inconueniente ni estoruo se le pone delante para dexar de effectuar su voluntad; y sino las obedeçeis y respondeis quando os llaman con igual amor vueluen en tanto odio y yra que se arriscan al mayor peligro del mundo por se satisfazer.

Gallo.—Ay Miçilo, que en mentarme ese proposito me has lançado vn espada por las entrañas, porque me has acordado de vn amigo que por esa causa perdi[566], el mayor y más fiel que nunca tuuo la antiguedad. Que si mi coraçon sufriesse a te lo contar marauillarte yas cómo acordandome dello no reuiento de passion.

Miçilo.—Gran deseo me pones, gallo, de te lo oyr, y ansi te ruego que te esfuerçes por amor de mí a me lo contar: que segun me lo has encareçido deue de ser cosa digna de saber.

Gallo.—Pues avnque sea a costa de mis ojos y coraçon yo te lo quiero contar por te obedeçer. Cantarte he vn amigo qual nunca otro como el se vio. En fin, qual deven los buenos amigos ser, y lo demas que a este proposito acompañare en el canto que se sigue lo oyras.

Fin del octauo canto del gallo de Luçiano.

NOTAS:

[516] G., el.

[517] (Tachado). Siguesse el octauo canto del Gallo de Luçiano orador griego, contrahecho en el castellano por el mesmo autor.