[1162] G., confiar.
ARGUMENTO
DEL VIGESSIMO Y VLTIMO CANTO
En este vigessimo canto el auctor representa a Demophon, el qual viniendo vn dia a casa de Miçilo su vezino a le visitar le halló triste y afligido por la muerte de su gallo, y procurando dexarle consolado se vuelue a su casa.
Demophon. Miçilo.
Demophon.—¡O Miçilo! vezino y amigo mio, ¿qué es la causa que ansi te tiene atormentado por cuydado y miserable aconteçimiento? veote triste, flaco, amarillo con representaçion de philosopho, el rostro lançado en la tierra, pasearte por este lugar obscuro dexado tu contino offiçio de çapateria en que tan a la contina te solias ocupar con eterno trabajo, ¿consumes agora el tiempo en sospiros? Nuestra igual edad, vezindad y amistad te obliga a fiar de mí tus tan miserables cuydados; porque ya que no esperes de mí que cunpliese tus faltas ayudarte he con consejo; y si todo esto no estimares, bastarte ha saber que mitiga mucho el dolor comunicar la pena, prinçipalmente contandose a quien en alguna manera por propria la sienta. ¿Qué es de tu belleza y alegria, desemboltura y comunicaçion con que a todos tus amigos y vezinos te solias dar de noche y de dia en çenas y combites y fuera dellos? ya son pasados muchos dias que te veo recogido en soledad en tu casa que ni me quieres ver ni hablar, ni visitar como solias.
Miçilo.—¡O mi Demophon! mi muy caro hermano y amigo. Solo esto quiero que como tal amigo de mí sepas, que no sin gran razon en mí ay tan gran muestra de mal. Prinçipalmente quando tienes de mí bien entendido que no qualquiera cosa haze en mí tan notable mudança, pues has visto en mí auer disimulado en varios tienpos notables toques de fortuna y infortunios tan graues que a muy esforçados varones huuieran puesto en ruyna, y yo con igual rostro los he sabido passar. Avnque comunmente se suele dezir que al pobre no ay infortunio, que aunque esto sea ansi verdad no dexamos de sentir en nuestro estado humilde lo que al anima le da a entender su natural. Ansi que tengo por çierto, Demophon, que no ay igual dolor de perdida ni miseria que con gran distançia se compare con el mio.
Demophon.—Mientras más me le has encareçido más me has augmentado la piedad y miseria que tengo de tu mal; de donde naçe en mí mayor deseo de lo saber. Por tanto no reserues en tu pecho tesoro tan perjudiçial, que no hay peor espeçie de auariçia que de dolor. Por çierto en poco cargo eres a naturaleza pues pribandote del oro y riquezas, de pasiones y miserias fue contigo tan liberal que en abundançia te las comunicó. Dime porqué ansi te dueles, que no podré consentir lo passes con silençio y disimulaçion.
Miçilo.—Quiero que ante todas las cosas sepas, ¡o Demophon! que no es la que me fatiga falta de dineros para que con tus tesoros me ayas de remediar, ni de salud para que con medicos me la ayas de restituir. Ni tanpoco me aflixo por mengua que me hagan las tus vasijas, ni aparatos y arreos de tapetes y alhajas con que en abundançia te sueles seruir. Pero faltame de mi casa vn amigo, vn conpañero de mis miserias y trabajos y tan igual que era otro yo; con el qual poseya yo todos los tesoros y riquezas que en el mundo ay; faltame, en conclusion, vna cosa, Demophon, que con ningun poder ni fuerças tuyas la puedes suplir: por lo qual me escuso de te la dezir, y a ti de la saber.
Demophon.—No en vano suelen dezir, que al pobre es proprio el filisofar, como agora tú; yo no creo que has aprendido esa retorica en las scuelas de Athenas, con que agora de nueuo me encareçes tu dolor: ni sé qué maestro has tenido della de poco acá.
Miçilo.—Ese maestro se me murio, cuya muerte es causa de mi dolor.