Acabado[1222] Syluano la amorosa cancion de Diana, dixo a Sireno (que como fuera de si estaua oyendo los uersos que despues de su partida la pastora auia cantado): quando esta cancion cantaua la hermosa Diana, en mis lagrimas pudieran ver si yo sentia las que ella por tu causa derramaua: pues que no queriendo yo della entender que la auia entendido, dissimulando lo mejor que pude (que no fue poco podello hazer) llegueme adonde estaua. Sireno entonces le atajó diziendo: Ten punto, Syluano; ¿que vn coraçon, que tales cosas sentia pudo mudar fe? O constancia, o firmeza, y quantas pocas uezes hazeis assiento sobre coraçon de hembra, que quanto mas subiecta está á quereros, tanto mas propuesta[1223] para oluidaros. Y bien creya yo que en todas las mugeres auia esta falta, mas en mi señora Diana, jamas pensé que naturaleza auia dexado cosa buena por hazer. Prosiguiendo pues Syluano por su historia adelante, le dixo: Como yo me llegase más adonde Diana estaua, vi que ponia los ojos en la clara fuente, adonde prosiguiendo su acostumbrado officio, començó a dezir. Ay ojos y quanto más presto se os acabaran las lagrimas que la ocasion de derramabas; ay mi Sireno, plega a Dios que antes que el desabrido inuierno desnude el verde prado de frescas y olorosas flores, y el ualle ameno de la menuda yerua, y los arboles sombrios de su uerde hoja, uean estos ojos tu presencia tan desseada de mi anima, como de la tuya deuo ser aborrecida. A este punto alçó el diuino rostro, y me uido: trabajó por disimular el triste llanto, mas no lo pudo hazer, de manera que las lagrimas no atajassen el passo a su disimulacion. Leuantose a mi, diziendo: Sientate aqui, Syluano, que asaz vengado estás, y a costa mia. Bien paga esta desdichada lo que dizes que a su causa sientes si es uerdad que es ella la causa. Es possible, Diana, (le respondi) que eso me quedaua por oyr? En fin, no me engaño en dezir, que nasci para cada dia discubrir nueuos generos de tormentos, y tú para hazerme más sinrazones, de las que en tu pensamiento pueden caber. Aora dudas ser tú la causa de mi mal? Si tú no eres la causa d'el, quién, sospechas que mereciesse tan gran amor? O qué coraçon auria en el mundo si no fuesse el suyo, a quien mis lagrimas no vuiessen ablandado? E a esto añadi otras muchas cosas, de que ya no tengo memoria. Mas la cruel enemiga de mi descanso, atajó mis razones, diziendo: Mira, Syluano, si otra vez tu lengua se atreue a tratar de cosa tuya y a dexar de hablarme en el mi Sireno, a tu plazer te dexaré gozar de la clara fuente donde estamos sentado. Y tú no sabes que toda cosa que en mi pastor no tratare, me es aborrescible y enojosa? y que a la persona que quiere bien, todo el tiempo que gasta en oyr cosa fuera de sus amores le parece mal empleado? Yo entonces, de miedo que mis palabras no fuessen causa de perder el descanso que su vista me offrescia, puse silencio en ellas, y estuue alli vn gran rato gozando de ver aquella hermosura sobrehumana, hasta que la noche se dexó venir (con mayor presteza de lo que yo quisiera) y de alli nos fuymos los dos con nuestros ganados al aldea. Sireno sospirando, le dixo: grandes cosas me has contado (Syluano) y todas en daño mio; desdichado de mí, quán presto vine a esperimentar la poca constancia que en las mugeres ay. Por lo que los deuo me pesa. No quisiera yo, pastor, que en algun tiempo se oyere dezir, que en vn vaso, donde tan gran hermosura y discrecion juntó naturaleza, hubiera tan mala mixtura, como es la inconstancia que comigo ha usado. Y lo que más me llega al alma, es que el tiempo le a de dar a entender lo mal que comigo lo ha hecho: lo qual no puede ser sino a costa de su descanso. ¿Cómo le ua de contentamiento despues de casada? Syluano le respondió: dizenme algunos que le ua mal, y no me espanto, porque como sabes, Delio su esposo, aunque es rico de los bienes de fortuna, no lo es de los de naturaleza, que en esto de la disposicion ya ves quan mal le va. Pues de otras cosas de que los pastores nos preciamos, como son tañer, cantar, luchar, jugar al cayado, baylar con las mozas el Domingo, paresce que Delio no ha nascido para más que mirallo. Aora pastor (dixo Sireno) toma tu rabel y yo tomaré mi çampoña, que no ay mal que con la musica no se passe, ni tristeza que con ella no se acresciente. Y templando los dos pastores sus instrumentos con mucha gracia y suauidad començaron a cantar lo siguiente.

SYLVANO

Sireno, en qué pensauas, que mirandote
estaua desde el soto, y condoliendome
de uer con el dolor qu'estás quexandote?
Yo dexo mi ganado alli, atendiendome,
que en quanto el claro sol no ua encubriendose
bien puedo estar contigo entreteniendome.
Tu mal me di[1224] pastor, que el mal diziendose
se passa a menos costa, que callandolo,
y la tristeza en fin va despidiendose.
Mi mal contaria yo, pero contandolo,
se me acrecienta, y más en acordarseme
de quan en vano, ay triste, estoy llorandolo.
La vida a mi pesar veo alargarseme,
mi triste coraçon no ay consolarmele,
y vn desusado mal veo acercarseme.
De quien medio esperé, vino a quitarmele,
mas nunca le esperé, porque esperandole,
pudiera con razon dexar de darmele.
Andaua mi passion sollicitandole,
con medios no importunos, sino licitos,
y andaua el crudo amor ella estoruandole,
Mis tristes pensamientos muy solicitos
de vna á otra parte reboluiendose,
huyendo en toda cosa el ser illicitos,
pedian a Diana, que pudiendose
dar medio en tanto mal, y sin causartele
se diesse: y fuesse vn triste entreteniendose.
Pues qué hizieras, di, si en vez de dartele
te le quitare? ay triste, que pensandolo,
callar querria mi mal, y no contartele.
Pero despues (Sireno) ymaginandolo
vna pastora inuoco hermosissima,
y ansi va a costa mia en fin passandolo.

SIRENO

Syluano mio, vna afeccion rarissima,
vna verdad que ciega luego en viendola,
vn seso, y discrecion excelentissima:
con una dulce habla, que en oyendola,
las duras peñas mueue enterneciendolas,
qué sentiria un amador perdiendola?
Mis ouejuelas miro, y pienso en viendolas
quantas uezes la uía repastandolas
y con las suias propias recogiendolas.
Y quantas uezes la topé lleuandolas,
al rio por la siesta, a do sentandose,
con gran cuidado estaua alli contandolas?
Despues si estaua sola, destocandose,
vieras el claro sol embidiosissimo
de sus cabellos, y ella alli peinandose,
Pues (o Syluano amigo mio carissimo)
quantas uezes de subito encontrandome
se le encendia aquel rostro hermosissimo.
Y con qué gracia estaua preguntandome
que como auia tardado, y aun riñiendome
y si esso m'enfadaua halagandome.
Pues quantos dias la hallé atendiendome
en esta clara fuente, y yo buscandola
por aquel soto espesso, y deshaziendome,
Cómo qualquier trabajo en encontrandola
de ouejas y corderos, lo oluidauamos
hablando ella comigo, y yo mirandola.
Otras uezes (Syluano) concertauamos
la çampoña y rabel con que tañiamos,
y mis uersos entonce alli cantauamos.
Despues la flecha y arco apercebiamos
y otras uezes la red, y ella siguiendome
jamas sin caça a nuestra aldea boluiamos.
Assi fortuna anduuo entreteniendome
que para mayor mal yua guardandome,
el qual no terná fin, sino muriendome.

SYLUANO

Sireno, el crudo amor que lastimandome
jamas cansó, no impide el acordarseme
de tanto mal, y muero en acordandome.
Miré a Diana, y ui luego abreuiarseme
el plazer y contento, en solo uiendola,
y a mi pesar la uida ui alargarseme,
O quantas uezes la hallé perdiendola,
y quantas uezes la perdi hallandola,
y yo callar, suffrir, morir sirviéndola[1225]?
La uida perdí yo, quando topandola
miraua aquellos ojos, que ayradissimos
boluia contra mí luego en hablandola.
Mas quando los cabellos hermosissimos
descogia y peinaua, no sintiendome
se me boluian los males sabrosissimos.
Y la cruel Diana en conosciendome
boluia como fiera, que encrespandose
arremete al leon, y deshaziendome.
Vn tiempo la esperança, ansi burlandome
mantuuo el coraçon entreteniendole,
mas el mismo despues desengañandome,
burló del esperar, y fue perdiendole.

No mucho despues que los pastores dieron fin al triste canto, uieron salir dentro el arboleda que junto al rio estaña, una pastora tañendo con una çampoña, y cantando con tanta gracia y suauidad como tristeza: la qual encobria gran parte de su hermosura (que no era poca) y preguntó Sireno, como quien auia mucho que no repastaua por aquel valle, quién fuesse[1226]. Syluano le respondió: esta es una hermosa pastora, que de pocos dias acá apascienta por estos prados, muy quexosa de amor, y segun dize con mucha razon, aunque otros quieren dezir, que ha mucho tiempo que se burla con el desengaño. Por uentura, dixo Sireno, está en su mano el desengañarse? Si, respondió Syluano, porque no puedo yo creer, que ay muger en la uida, que tanto quiera que la fuerça del amor le estorue entender si es querida, o no.

De contraria opinion soy. De contraria (dixo Syluano) pues no te irás alabando, que bien caro te cuesta auerte fiado en las palabras de Diana, pero no te doy culpa, que ansi como no ay a quien no uença su hermosura, assi no aurá a quien sus palabras no engañen. ¿Cómo puedes tú saber esso, pues ella jamas te engañó con palabras, ni con obras? Verdad es (dixo Syluano) que siempre fuy della desengañado, mas yo osaria jurar (por lo que despues acá ha sucedido) que jamas me desengañó a mi, sino por engañarte a ti. Pero dexemos esto, y oyamos esta pastora que es gran amiga de Diana, y segun lo que de su gracia y discreccion me dizen, bien meresce ser oyda. A este tiempo llegaua la hermosa pastora junto a la fuente, cantando este soneto.

Soneto.