Fin del quinto libro.
NOTAS:
[1260] Le en la edición de Milán.
[1261] Falta el que en la edición de Milán.
[1262] Falta el á en la edición de Milán.
[1263] Cada cual, en la edición de Milán.
[1264] Falta el de en la edición de Milán.
[1265] En la edición de Milán, siempre tura en vez de dura.
LIBRO SEXTO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Despues que Arsileo se partio, quedó Felismena con Amarilida la pastora que con él estaua, pidiendose vna a otra cuenta de sus vidas, cosa muy natural de las que en semejantes partes se hallan. Y estando Felismena contando a la pastora la causa de su venida, llegó a la choça vn pastor de muy gentil disposiçion y arte: aunque la tristeza paresçia que le traya encubierta gran parte della. Quando Amarilida le vio, con la mayor presteza que pudo se leuantó para yrse, mas Felismena la trauó de la saya, sospechando lo que podia ser, y le dixo: No sería justo (hermosa pastora) que esse agrauio reçebiesse de ti, quien tanto desseo tiene de seruirte, como yo. Mas como ella porfiasse de yrse de alli, el pastor con muchas lagrimas dezia: Amarilida, no quiero que teniendo respecto a lo que me haze suffrir, te duelas deste desuenturado pastor, sino que tengas cuenta con tu gran valor y hermosura, y con que no ay cosa en la uida que peor esté a una pastora de tu qualidad, que tratar mal a quien tanto la[1266] quiere. Mira, Amarilida mia, estos cansados ojos, que tantas lagrimas han derramado, y uerás la razon que los tuyos tienen de no mostrarse ayrados contra este sin uentura pastor. ¡Ay que me huyes por no uer la razon que tienes de aguardarme! Espera, Amarilida, oyeme lo que digo, y siquiera no me respondas. ¿Qué te cuesta oyr a quien tanto le ha costado uerte? Y boluiendose a Felismena con muchas lagrimas le pedia que no le dexasse yr: la qual importunaua con muy blandas palabras a la pastora, que no tratasse tan mal a quien mostraua quererla más que a sí: y que le escuchasse pues en ello auenturaua tan poco. Mas Amarilida respondio: Hermosa pastora, no me mandeys oyr a quien dé más credito a sus pensamientos que a mis palabras. Cata que este que delante de ti está, es uno de los desconfiados pastores, que se sabe, y de los que mayor trabajo dan a las pastoras que quieren bien. Filemon dixo contra Felismena: Yo quiero (hermosa pastora) que seas el juez entre mi y Amarilida, y si yo tengo culpa del enojo que comigo tiene, quiero perder la vida. E si ella la tuuiera, no quiero otra cosa, sino que en paga desto, conozca lo que me deue. De perder tú la vida (dixo Amarilida) yo estoy bien segura, porque ni a ti te quieres tanto mal, que lo hagas, ni a mí tanto bien, que por mi causa te pongas en auentura de perder la vida. Mas yo agora quiero, que esta hermosa pastora juzgue, vista mi razon y la tuya, quál es más digno de culpa entre los dos. Sea assi (diso Felismena) y sentemonos al pie desta verde haya, junto al prado florido que delante los ojos tenemos, porque quiero ver la razon, que cada vno tiene, de quexarse del otro. Despues que todos se vuieron assentado sobre la uerde yerua, Filemon començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, confiado estoy, que si acaso has sido tocada de amores, conoçeras la poca razon que Amarilida tiene de quexarse de mí y de sentir tan mal de la fe que le tengo, que venga a ymaginar lo que nadie de su pastor imaginó. Has de saber, hermosa pastora, que quando yo nasçi, y aun ante mucho que nasçiesse, los hados me destinaron para que amasse esta hermosa pastora que delante mis tristes y tus hermosos ojos está, y a esta causa he respondido con el effecto de tal manera, que no creo que ay amor como el mio, ni ingratitud como la suya. Sucçedio, pues, que seruiendola desde mi niñez, lo mejor que yo he sabido, aurá como çinco o seis meses, que mi desuentura aportó por aqui a vn pastor llamado Arsileo, el qual buscaua vna pastora, que se llama Belisa, que por çierto mal suçesso, anda por estos bosques desterrada. Y como fuesse tanta su tristeza, sucçedio que esta cruel pastora que aqui veys, o por mançilla que tuuo dél, o por la poca que tiene de mí, o por lo que ella se sabe, jamas la he podido apartar de su compañia. Y si acaso le hablaua en ello paresçia que me queria matar, porque aquellos ojos que alli veys, no causan menos espanto, quando miran, estando ayrados, que alegria, quando estan serenos. Pues como yo estuuiesse tan occupado, el coraçon de grandissimo amor, el alma de vna affeçion[1267] jamas oyda, el entendimiento de los mayores çelos, que nunca nadie tuuo, quexauame a Arsileo con sospiros, y a la tierra con amargo llanto: mostrando la sin razon que Amarilida me hazia. Ha le causado tan grande aborresçimiento auer yo imaginado cosa contra su honestidad que por vengarse de mi, ha perseuerado en ello hasta aora, y no tan solamente haze esto, mas en viendome delante sus ojos, se va huyendo como la medrosa çierua de los hambrientos lebreles. Ansi que por lo que deues a ti misma, te pido que juzgues, si es bastante la causa que tiene de aborresçerme y si mi culpa es tan graue, que merezca por ella ser aborresçido. Acabado Filemon de dar cuenta de su mal, y de la sin razon que su Amarilida le hazia, la pastora Amarilida començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, auerme Filemon, que ahi está, querido bien (a lo menos auerlo mostrado) sus seruicios an sido tales, que me sería mal contado dezir otra cosa; pero si yo tambien he desechado, por causa suya, el seruiçio de otros muchos pastores, que por estos valles repastan sus ganados, y zagales a quien naturaleza no ha dotado de menos graçia que a otros, el mismo puede dezillo. Porque las muchas uezes que yo he sido requestada, y las que he tenido la firmeza que a su fe deuia, no creo que ha sido muy lexos de su presençia, mas no auia de ser esto parte para que él me tuuiesse tan en poco que ymaginasse de mí cosa contra lo que a mí misma soy obligada; porque si es ansi, y él lo sabe, que a muchos que por mí se perdian, yo he desechado por amor dél, ¿cómo auia yo de desechar a él por otro? ¿O pensaua en él, o en mis amores? Cien mil uezes me ha Filemon açechado, no perdiendo pisada, de las que el pastor Arsileo y yo dauamos por este hermoso ualle, mas él mismo diga si algun dia oyó que Arsileo me dixesse cosa que supiesse a amores, o si yo le respondia alguna que lo paresçiesse ¿Qué dia me vio hablar Filemon con Arsileo, que entendiesse de mis palabras otra cosa, que consolalle de tan graue mal como padesçia? Pues si esto auia de ser causa que sospechasse mal de su pastora, ¿quién mejor puede juzgarlo que él mismo? Mira, hermosa Nimpha, quan entregado estaua a sospechas falsas y dudosas ymaginaçiones, que jamas mis palabras pudieron satisfazelle, ni acabar con él que dexasse de ausentarse deste ualle, pensando él que con ausençia daria fin a mis dias, y engañose, porque antes me paresçe que lo dio al contentamiento de los suyos. Y lo bueno es que aun no se contentaua Filemon de tener çelos de mí, que tan libre estaua como tú, hermosa pastora, aurás entendido, más aun lo publicaua en todas las fiestas, bayles, luchas, que entre los pastores desta sierra se hazian. Y esto ya tú conosçes, si uenia en mayor daño de mi honra que de su contentamiento. En fin, él se ausentó de mi presençia, y pues tomó por mediçina de su mal cosa que más se lo ha acresçentado, no me culpe si me he sabido mejor aprouechar del remedio de lo que él ha sabido tomalle. Y pues tú, hermosa pastora, as uisto el contento que yo reçebi, en que dixesses al desconsolado Arsileo nueuas de su pastora, y que yo misma fuy la que le importuné que luego fuesse a buscalla, claro está que no podia auer entre los dos cosa de que pudiessemos ser tan mal juzgados, como este pastor inconsideradamente nos ha juzgado. Ansi que esta es la causa de yo me auer resfriado del amor que a Filemon tenía, y de no me querer más poner a peligro de sus falsas sospechas, pues me ha traydo mi buena dicha a tiempo, que sin forçarme a mí misma, pudiesse muy bien hazello. Despues que Amarilida vuo mostrado la poca razon que el pastor auia tenido de dar credito a sus ymaginaçiones y la libertad en que el tienpo le auia puesto (cosa muy natural de coraçones essentos), el pastor le respondio desta manera: No niego yo (Amarilida) que tu bondad y discreçion no basta para desculparte de qualquiera sospecha. ¿Mas quieres tú por uentura hazer nouedades en amores, y ser inuentora de otros nueuos effectos de los que hasta agora auemos uisto? ¿Quándo quiso bien vn amador, que qualquiera occasion de çelos, por pequeña que fuesse, no le atormentasse el alma, quanto más siendo tan grande como la que tú con larga conuersaçion y amistad de Arsileo me ha dado? ¿Piensas tú, Amarilida, que para los çelos son menester çertidumbres? Pues engañaste, que las sospechas son las prinçipales causas de tenellos. Creer yo que querias bien a Arsileo por via de amores, no era mucho, pues el publicallo yo, tan poco era de manera que tu honra quedasse offendida: quanto más que la fuerça de amor era tan grande, que me hazia publicar el mal de que me temia. Y puesto caso que tu bondad me assegurasse, quando a hurto de mis sospechas la consideraua, todavia tenía temor de lo que me podia suçeder, si la conuersaçion yua delante. Quanto a lo que dizes que yo me ausenté, no lo hize por darte pena, sino por uer si en la mia podria auer algun remedio, no uiendo delante mis ojos a quien tan grande me la daua, y tambien porque mis importunidades no te la causassen. Pues si en buscar remedio para tan graue mal, fuy contra lo que te deuia: ¿qué más pena que la que tu ausençia me hizo sentir? ¿O qué más muestra de amor que no ser ella causa de oluidarte? ¿Y qué mayor señal del poco que comigo tenias, que auelle tú perdido de todo punto con mi ausençia? Si dizes que jamas quisiste bien a Arsileo, aun esso me da a mi mayor causa de quexarme, pues por cosa en que tan poco te yua, dexauas a quien tanto te desseaua seruir. Ansi que tanto mayor quexa tengo de ti, quanto menos fue el amor que a Arsileo has tenido. Estas son (Amarilida) las razones, y otras muchas que no digo, que en mi fauor puedo traer: las quales no quiero que me ualgan, pues en caso de amores suelen ualer tan poco. Solamente te pido que tu çlemençia y la fe que sienpre te he tenido, esten, pastora, de mi parte, porque si ésta me falta, ni en mis males podra auer fin, ni medio en tu condiçion. Y con esto el pastor dio fin a sus palabras, y prinçipio a tantas lagrimas, que bastaron juntamente con los ruegos, y sentençia que en este caso Felismena dio, para que el duro coraçon de Amarilida se ablandasse, y el enamorado pastor boluiesse en graçia de su pastora: de lo qual quedó tan contento, como nunca jamas lo estuuo, y aun Amarilida no poco gozosa de auer mostrado quán engañado estaua Filemon en las sospechas que della tenía. Y despues de auer passado alli aquel dia con muy gran contentamiento de los dos confederados amadores, y con mayor desassosiego de la hermosa Felismena, ella otro dia por la mañana se partio dellos, despues de muy grandes abraços, y prometimientos de procurar siempre la una de saber del buen sucçesso de la otra.