Os tempos se mudarão
a vida se acabará:
mas a fe sempre estara,
onde meus olhos estão.
Os dias, y os momentos,
as horas, con suas mudanças,
inmigas son desperanças,
y amigas de pensamentos:
os pensamentos estão
a esperança acabará,
a fe, me não deixará
por honrra do coraçon.
He causa de muytos danos
duuidosa confiança
que a vida sen esperança
ja não teme desenganos,
os tempos se vem e vão,
a vida se acabará,
mas a fe não quererá,
hazer me esta semrazão.

Acabada esta cançion, Felismena salio del lugar a donde estaua escondida y se llegó adonde las pastoras estauan, las quales espantadas de su graçia y hermosura, se llegaron a ella, y la reçibieron con muy estrechos abraços, preguntandole de que tierra era y de adonde uenia. A lo qual la hermosa Felismena no sabia responder, mas antes con muchas lagrimas les preguntaua, qué tierra era aquella en que morauan. Porque de la suya la lengua daua testimonio ser de la prouinçia de Vandalia, y que por çierta desdicha uenia desterrada de su tierra. Las pastoras portuguesas con muchas lagrimas la consolauan, doliendose de su destierro, cosa muy natural de aquella naçion, y mucho más de los habitadores de aquella prouinçia. Y preguntandoles Felismena, qué çiudad era aquella que auia dexado hazia la parte donde el rio, con sus cristallinas aguas apressurando su camino, con gran impetu uenia, y que tambien desseaua saber, qué castillo era aquel que sobre aquel monte mayor que todos estaua edificado y otras cosas semejantes. Y una de aquellas, que Duarda se llamaua, le respondio, que la çiudad se llamaua Coymbra, vna de las más insignes y prinçipales de aquel reyno, y aun de toda la Europa, ansi por la tierra comarcana a ella, la qual aquel caudaloso rio, que Mondego tenía por nombre, con sus cristalinas aguas regaua. Y que todos aquellos campos que con gran impetu yua discurriendo, se llamauan el campo de Mondego, y el castillo que delante los ojos tenian, era la luz de nuestra España. Y que este nombre le conuenia más que el suyo proprio, pues en medio de la infidelidad del Mahometico Rey Marsilio, que tantos años le auia tenido çercado, se auia sustentado, de manera que siempre auia salido uençedor, y jamas uençido, y que el nombre que tenía en lengua Portuguesa era Montemor o uelho, adonde la uirtud, el ingenio, ualor, y esfuerço, auian quedado por tropheo de las hazañas, que los habitadores dél, en aquel tiempo auian hecho; y que las damas que en él auia, y los caualleros que lo habitauan, floresçian oy en todas las uirtudes que ymaginar se podian. Y assi le conto la pastora otras muchas cosas de la fertilidad de la tierra, de la antiguedad de los edifiçios, de la riqueza de los moradores, de la hermosura y discreçion de los Nimphas y pastores, que por la comarca del inexpunable castillo habitauan, cosas que a Felismena pusieron en gran admiraçion, y rogandole las pastoras que comiesse (porque no deuia uenir con poca necessidad dello) tuuo por bien de acçeptallo. Y en quanto Felismena comia de lo que las pastoras le dieron, la vian derramar algunas lagrimas, de que ellas en estremo se dolian. Y queriendole pedir la causa, se lo estoruó la boz de un pastor, que muy dulçemente al son de un rabel cantaua, el qual fue luego conosçido de las dos pastoras, porque aquel era el pastor Danteo, por quien Armia terçiaua con la graçiosa Duarda. La qual con muchas lagrimas, dixo a Felismena: Hermosa pastora, aunque el manjar es de pastoras, la comida es de Prinçesa: qué mal pensaste tú, quando aqui uenias, que auias de comer con musica! Felismena entonçes le respondio: No auria en el mundo (graçiosa pastora) musica más agradable para mí, que vuestra uista y conuersaçion, y esto me daria a mí mayor ocasion para tenerme por Prinçesa, que no la musica que dezis. Duarda respondio: Más auia de ualer que yo quien esso meresçiesse, y más subido de quilate auia de ser su entendimiento para entendello, mas lo que fuere parte del desseo, hallarse ha en mí cumplidamente. Armia dixo contra Duarda: Ay Duarda, cómo eres discreta, y quanto más lo serias si no fuesses cruel. ¿Hay cosa en el mundo como esta que por no oyr a aquel pastor que está cantando sus desuenturas, está metiendo palabras en medio, y occupando en otra cosa el entendimiento? Felismena entendiendo quién podia ser el pastor en las palabras de Armia, las hizo estar atentas, y oylle, el qual cantaua al son de su instrumento esta cançion, en su misma lengua.

Sospiros, minha lembrança
não quer, porque uos não uades
que o mal que fazem saudades
se cure com esperança.
A esperança não me ual,
polla causa en que se tem,
nem promete tanto bem,
quanto a saudade faz mal;
mas amor, desconfiança,
me deron tal qualidade,
que nem me mata saudade,
nem me da uida esperança.
Errarão se se queyxarem
os olhos con que eu olhey,
porque eu não me queyxarey,
en quanto os seus me lembraren,
nem poderá auer mudança,
jamas en minha uontade,
ora me mate saudade,
ora me deyxe esperança.

A la pastora Felismena supieron mejor las palabras del pastor, que el combite de las pastoras, por que más le pareçia que la cançion se auia hecho para quexarse de su mal, que para lamentar el ageno. Y dixo, quando le acabó de oyr. ¡Ay, pastor, que uerdaderamente paresçe que aprendiste en mis males, a quexarte de los tuyos! Desdichada de mí, que no ueo ni oyo cosa, que no ponga delante la razon que tengo, de no dessear la uida, mas no quiera Dios que yo la pierda, hasta que mis ojos vean la causa de sus ardientes lagrimas. Armia dixo a Felismena: Paresçeos (hermosa pastora) que aquellas palabras meresçen ser oydas, y que el coraçon de adonde ellas salen se deue tener en más de lo que esta pastora lo tiene? No trates, Armia (dixo Duarda) de sus palabras, trata de sus obras, que por ellas se ha de juzgar el pensamiento del que las haze. Si tú te enamoras de cançiones, y te paresçen bien sonetos hechos con cuydado de dezir buenas razones, desengañate que son la cosa de que yo menos gusto reçibo, y por la que menos me çertifico, del amor que se me tiene. Felismena dixo entonçes fauoresçiendo la razon de Duarda: Mira, Armia, muchos males se escusarian, y muy grandes desdichas no uernian en effecto, si nosotras dexassemos de dar credito a palabras bien ordenadas, y razones compuestas de coraçones libres, porque en ninguna cosa ellos muestran tanto serlo, como en saber dezir por orden un mal, que quando es uerdadero, no ay cosa más fuera della. Desdichada de mí, que no supe yo aprouecharme deste consejo. A este tiempo, llegó el pastor Portugues, donde las pastoras estauan, y dixo contra Duarda, en su misma lengua: A pastora, se as lagrimas destes olhos, y as magoas deste coração, são pouca parte para abrandar a dureza, com que sou tratado, não quero de ti mays, senão que minha conpanhia por estos campos te não o seja importuna, ne os tristes uersos que meu mal junto a esta hermosa ribeira me faz cantar, te den occasião denfadamento. Passa, hermosa pastora, a sesta a sombra destes salguyeros, que ho teu pastor te leuará as cabras a o rio, y estará a o terreyro do sol, en quanto ellas nas cristalinas agoas se banharen. Pentea, hermosa pastora, os teus cabellos douro iunto a aquella clara fonte donde uen ho ribeyro que çerca este fremoso prado, que eu irey en tanto em tanto a repastar teu gado, y ter y conta com que as ouelhas não o entren nas searas que ao longo desta ribeyra estão. Desejo que não tomes traballho en cousa nenhua, nen eu descanso em quanto em cousas tuas não trabalhar. Si isto te paresçe pouco amor, dize tú en que te poderey mostrar ho bem que te quero: que nao ha amor final da pessoa dizer uerdade, en qualquer cousa que diz, que offreçerse ha esperiençia dela. La pastora Duarda entonçes respondio: Danteo, se he uerdade que ay amor no mundo, eu ho tiue contigo, e tan grande como tú sabes, jamays nenhun pastor de quantos apascentão seus gados pollos campos de Mondego, e beben as suas claras agoas, alcançou de mí nem hua so palabra conque tiuesses occasião de queyxarte de Duarda, nem do amor que te ella sempre mostrou, a ninguen tuas lagrimas, e ardentes sospiros mays magoarão que a mi, ho dia que te meus olhos não uiam, jamays se leuantauan a covsa que lhes desse gosto. As uacas que tú guardauas erão mays que minhas, muytas mays uezes (reçeosa que as guardas deste deleytoso campo lhes nam impedissem ho pasto) me punha eu desde aquelle outeyro, por uer se pareçião do que minhas ouelhas erão por mi apasçentadas, nem postas em parte onde sem sobresalto pasçessen as eruas desta fermosa ribeyra: isto me danaua a mí tanto en mostrarme sojeyta, como a ti em haçerte comfiado. Bem sey que de minha sogeicão naçeu tua confiança y de tua confiança hazer o que fizeste. Tu te casaste con Andresa, cuja alma este en gloria, ¿qué cousa he esta, que algum tempo não pidi a Deos, antes lhe pidi uingança dela, y de ti? eu passe y despoys de uosso casamento, o que tú e outros muytos saben, quis minha fortuna que a tua me não desse pena. Deyxa me goxar de minha liberdade, y não esperes que comigo poderas ganhar o que por culpa tua perdeste. Acabando la pastora la terrible respuesta que aueys oydo, y queriendo Felismena meterse en medio de la differençia de los dos, oyeron a una parte del prado muy gran ruydo, y golpes como de caualleros que se conbatian: y todos con muy gran priessa se fueron a la parte donde se oyan, por uer qué cosa fuesse. Y uieron en una isleta que el rio con una buelta hazia, tres caualleros que con uno solo se combatían: y aunque se defendia ualientemente, dando a entender su esfuerço y ualentia, con todo esso los tres le dauan tanto qué hazer, que la ponian en neçessidad de aprouecharse de toda su fuerça. La batalla se hazia a pie, y los cauallos estauan arrendados a unos pequeños arboles que alli auia. Y a este tiempo ya el cauallero solo tenía uno de los tres tendido en el suelo, de un golpe de espada, con el qual le acabó la uida: pero los otros dos, que muy ualientes eran, le trayan ya tal, que no se esperaua otra cosa sino la muerte. La pastora Felismena, que uio aquel cauallero en tan gran peligro, y que si no le socorriesse, no podria escapar con la uida, quiso poner la suya a riesgo de perdella, por hazer lo que en aquel caso era obligada, y poniendo una aguda saeta en su arco, dixo contra uno dellos: Teneos afuera, caualleros, que no es de personas que deste nombre se preçian, aprouecharse de sus enemigos con uentaja tan conosçida. Y apuntandole a la uista de la çelada, le acertó con tanta fuerça, que entrandole por los ojos passó de la otra parte, de manera que aquel uino muerto al suelo. Quando el caualllero solo uio muerto a uno de sus contrarios, arremetio al terçero con tanto esfuerço, como si entonçes començara su batalla, pero Felismena le quitó de trabajo, poniendo otra flecha en su arco, con la qual, no parando en las armas, le entró por debaxo de la tetilla yzquierda, y le atrauesso el coraçon de manera que el cauallero lleuó el camino de sus compañeros. Quando los pastores vieron lo que Felismena auia hecho, y el cauallero vio de dos tiros matar dos caualleros tan valientes, ansi vnos como otros quedaron en extremo admirados. Pues quitandose el cauallero el yelmo, y llegandose a ella, le dixo: Hermosa pastora, con qué podre yo pagaros tan grande merced, como la que de vos he reçibido en este dia, si no en tener conosçida esta deuda para nunca jamas perdella del pensamiento? Quando Felismena vio el rostro del cauallero, y lo conosçio, quedó tan fuera de si, que de turbada casi no le supo hablar: mas boluiendo en si, le respondio: Ay don Felis, que no es ésta la primera deuda en que tú me estás, y no puedo yo creer, que ternás della el conosçimiento que dizes, sino el que de otras muy majores has tenido. Mira a qué tiempo me ha traydo mi fortuna y tu desamor, que quien solia en la çiudad ser seruida de ti con torneos y iustas, y otras cosas con que me engañauas (o con que yo me dexaua engañar) anda aora desterrada de su tierra y de su libertad, por auer tú querido vsar de la tuya.

Si esto no te trae a conosçimiento de lo que me deues, acuerdate que vn año te estuue siruiendo de page, en la corte de la prinçesa Çesarina: y aun de terçero contra mí misma, sin jamas descubrirte mi pensamiento, por solo dar remedio al mal que el tuyo te hazia sentir. O quantas vezes te alcançé los fauores de Celia tu señora, a gran costa de mis lagrimas! Y no lo tengas en mucho, que quando estas no bastaran, la vida diera yo a trueque de remediar la mala que tus amores te dauan. Si no estás saneado de lo mucho que te he querido, mira las cosas que la fuerza del amor me ha hecho hazer. Yo me sali de mi tierra, yo te vine a seruir, y a dolerme del mal que suffrias, y a suffrir el agrauio que yo en esto reçebia: y a trueque de darte contento, no tenía en nada biuir la más triste vida que nadie vivio. En trage de dama te he querido, como nunca nadie quiso, en habito de page te serui, en la cosa más contraria a mi descanso, que se puede ymaginar: y aun aora en trage de pastora vine a hazerte este pequeño seruiçio. Ya no me queda más que hazer, sino es sacrificar la vida a tu desamor, si te pareçe que deuo hacello, y que tú no te has de acordar de lo mucho que te he querido, y quiero: la espada tienes en la mano, no quieras que otro tome en mí la vengança de lo que te merezco. Quando el cauallero oyó las palabras de Felismena, y conoçio todo lo que dixo, auer sido ansi: el coraçon se le cubrio, de ver las sin razones que con ella auia vsado: de manera, que esto y la mucha sangre que de las heridas se le yua, fueron causa de vn subito desmayo cayendo a los pies de la hermosa Felismena, como muerto. La qual con la mayor pena que ymaginarse puede, tomandole la cabeça en su regaço, con muchas lagrimas que sobre el rostro de su cauallero destilaua, començo a dezir: ¿qué es esto, fortuna? ¿es llegado el fin de mi uida, junto con la del mi don Felis? Ay don Felis, causa de todo mi mal, si no bastan las muchas lagrimas que por tu causa he derramado, y las que sobre tu rostro derramo, para que bueluas en ti: qué remedio terna esta desdichada, para que el gozo de uerte no se le buelua en ocasion de desesperarse? Ay mi don Felis, despierta si es sueño el que tienes, aunque no me espantaria si no lo hiziesses, pues jamas cosas mias te le hizieron perder. Y en estas y otras lamentaçiones estaua la hermosa Felismena, y las otras pastoras Portuguesas le ayudauan quando por las piedras que pasauan a la isla, vieron uenir una hermosa Ninpha, con un uaso de oro, y otro de plata en las manos, la qual luego de Felismena fue conosçida, y le dixo: Ay Dorida, quién auia de ser, la que a tal tiempo socorriesse a esta desdichada, sino tú? Llegate acá, hermosa Nimpha, y uerás puesta la causa de todos mis trabajos en el mayor que es possible tenerse. Dorida entonçes le respondio: Para estos tiempos es el animo, y no te fatigues, hermosa Felismena, que el fin de tus trabajos es llegado, y el prinçipio de tu contentamiento; y diziendo esto, le echó sobre el rostro de una odorifera agua, que en el uaso de plata traya, la qual le hizo boluer en todo su acuerdo, y le dixo: Cauallero, si quereys cobrar la vida, y dalla a quien tan mala, a causa vuestra, la ha passado, beued del agua deste uaso. Y tomando don Felis el uaso de oro entre las manos, beuio gran parte del agua que en él venía. Y como vuo un poco reposado con ella, se sintio tan sano de las heridas que los tres caualleros le auian hecho, y de la que amor, a causa de la señora Çelia, le auia dado, que no sentia más la pena que cada uno dellas le podian causar que si nunca las uuiera tenido. Y de tal manera se boluio a renouar el amor de Felismena, que en ningun tiempo le paresçio auer estado tan biuo como entonçes: y sentandose ençima de la verde yerua, tomó las manos a su pastora, y besandoselas muchas uezes, dezia: Ay, Felismena, quán poco haria yo en dar la uida a trueque de lo que te deuo: que pues por ti la tengo, muy poco hago en darte lo que es tuyo. Con qué ojos podra mirar tu hermosura, el que faltandole el conosçimiento, de lo que te deuia, osó ponellos en otra parte? Qué palabras bastarian para disculparme, de lo que contra ti he cometido? Desdichado de mí, si tu condiçion no es en mi fauor, porque ni bastara satisfaçion, para tan gran yerro, ni razon, para disculparme de la grande que tienes de oluidarme? Verdad es, que yo quise bien a Çelia y te oluidé: mas no de manera, que de la memoria se me passasse tu valor y hermosura. Y lo bueno es, que no sé a quién ponga á parte de la culpa que se me puede attribuyr, porque si quiero ponella a la poca edad que entonçes tenía, pues la tuue para quererte, no me auia de faltar para estar firme en la fe que te deuia. Si a la hermosura de Çelia, muy clara está la ventaja que a ella, y a todas las del mundo tienes. Si a la mudança de los tiempos, esse auia de ser el toque donde mi firmeza auia de mostrar su valor. Si a la traydora de ausencia, tan poco paresçe bastante disculpa, pues el desseo de verte, auia estado ausente de sustentar tu imagen en mi memoria. Mira, Felismena, quán confiado estoy en tu bondad y clemençia, que sin miedo te oso poner delante las causas que tienes de no perdonarme. Mas qué haré para que me perdones, o para que despues de perdonado, crea que estás satisfecha? Vna cosa me duele más que quantas en el mundo me pueden dar pena, y es, ver que puesto caso que el amor que me has tenido, y tienes, te haga perdonar tantos yerros, ninguna vez alçaré los ojos a mirarte que no me lleguen al alma los agrauios que de mí has recibido. La pastora Felismena que uio a don Felis tan arrepentido, y tan buelto a su primero pensamiento, con muchas lagrimas le dezia, que ella le perdonaua, pues no suffria menos el amor que siempre le auia tenido: y que ansi pensara no perdonalle, no se vuiera por su causa puesto a tantos trabajos, y otras cosas muchas con que don Felis quedó confirmado en el primer amor. La hermosa Nimpha Dorida, se llegó al cauallero, y despues de auer passado entre los dos muchas palabras y grandes offresçimientos de parte de la sábia Feliçia, le suplicó, que él, y la hermosa Felismena se fuessen con ella al tenplo de la Diana, donde los quedaua esperando con grandissimo desseo de verlos. Don Felis lo conçedio: y despedido de las pastoras Portuguesas (que en extremo estauan espantadas, de lo que auian visto) y del affligido pastor Danteo, tomando los cauallos de los caualleros muertos, las quales sobre tomar a Danteo el suyo, le auian puesto en tanto aprieto, se fueron por su camino adelante, contando Felismena a don Felis con muy gran contento lo que auia passado, despues que no le auia visto, de lo qual él se espantó estrañamente, y espeçialmente de la muerte de los tres saluages, y de la casa de la sábia Feliçia y suçesso de los pastores y pastoras, y todo lo más que en este libro se ha contado. Y no poco espanto lleuaua don Felis, en ver que su señora Felismena le vuiesse seruido tantos dias de page, y que de puro diuertido en el entendimiento, no la auia conosçido, y por otra parte, era tanta su alegria, de verse de su señora bien amado, que no podia encubrillo. Pues caminando por sus jornadas, llegaron al templo de Diana, donde la sábia Feliçia los esperaua, y ansi mismo los pastores Arsileo, y Belisa, y Syluano, y Seluagia, que pocos dias auia que eran alli venidos. Fueron reçebidos con muy gran contento de todos, espeçialmente la hermosa Felismena, que por su bondad, y hermosura de todos era tenida en gran possession. Alli fueron todos desposados con las que bien querian, con gran regoçijo, y fiesta de todas las Nimphas, y de la sábia Feliçia, a la qual no ayudó poco Sireno en su venida, aunque della se le siguio lo que en la segunda parte deste libro se contará, juntamente con el sucçesso del pastor, y pastora Portuguesa, Danteo y Duarda.

FIN DE LOS SIETE LIBROS DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR

NOTAS:

[1270] M., de que con mayor cuidado andaua huyendo.

LA DIANA ENAMORADA
CINCO LIBROS QUE PROSIGUEN LOS VII DE
MONTEMAYOR

POR